Entorno Económico

Es grande, disruptivo y podría estar subestimado

En un año récord para el mundo en términos de procesos electorales calendarizados, uno sin duda guarda especial relevancia: el de Estados Unidos.

No puedo dejar de pensar en todos esos años donde los consensos de pronóstico económico han sido cuidadosamente planteados haciendo un uso razonable de la intuición económica, el modelaje econométrico y la experiencia histórica. No obstante, en muchas ocasiones es la materialización de eventos fuera de dichos escenarios los que terminan condicionando el devenir económico de corto o mediano plazos.

No solo estaríamos hablando aquí de aquellos eventos con alto potencial disruptivo pero imposibles de pronosticar (’cisnes negros’). Tendríamos que contemplar seriamente otros dos conjuntos de posibles eventos. Primero, aquellos eventos conocidos y factibles de materializarse, pero a los que les es asignada una baja probabilidad de ocurrencia (’cisnes grises’). Segundo, aquellos que pueden ser pronosticados con un alto grado de confianza y con efectos más sencillos de cuantificar (’cisnes blancos’). En estos dos grupos podrían clasificarse algunos eventos que no deberían de ser subestimados durante el año 2024. A continuación, tres posibilidades a considerar.

Primero. En un año récord en términos de procesos electorales calendarizados, uno sin duda guarda especial relevancia global: el proceso electoral en EU. Una de sus principales características es que tiene como punto de partida un empate técnico en términos estadísticos (a una distancia de la elección que no hace recomendable el confiar en las encuestas de preferencias electorales) y una probable ventaja republicana, como segundo escenario con mayor probabilidad.

Lo interesante es que, casi con independencia del resultado de tal contienda (el cual conoceremos hasta después del 5 de noviembre), es de esperarse una sonora contienda que puede orbitar alrededor de propuestas de política especialmente disruptivas para el mundo en los planos comercial, de intercambio de inversión, de cooperación diplomática y estratégica, y en el rebalanceo de fuerzas hegemónicas. La incertidumbre asociada podría ser suficiente para, al menos, postergar nueva inversión en los sectores exportadores o dar por sentado la estabilidad de alianzas comerciales o diplomáticas hoy establecidas.

Segundo. A pesar del compromiso creciente de gobiernos y empresas con la sustentabilidad de sus operaciones y la priorización de sectores ligados a energías renovables, los choques climáticos parecen haber incrementado en frecuencia, potencial disruptivo y magnitud del daño en términos económicos. En un enfoque histórico, la proporción de choques parecen cada vez menos ligados a sequías o inundaciones y más a la presencia de temperaturas extremas.

En este punto, los costos potenciales pasan por lo humano y lo económico, los primeros no solo a través de las fatalidades sino también en términos de desplazamiento humano. En el caso de los segundos, costos económicos, pueden ser tan diversos como los que atañen al volumen de producción, los precios al consumidor, la plusvalía y el costo de oportunidad de recursos públicos reorientados.

Por último, vale la pena no dejar de lado los conflictos bélicos actualmente en desenvolvimiento y aquellas tensiones geopolíticas palpables. El principal riesgo asociado a tales eventos es su potencial para observar deterioros súbitos, al no tratarse de fenómenos lineales.

Es decir, un conflicto existente o uno por materializarse no necesariamente evolucionan de manera gradual y predecible. Siempre existe un riesgo de un escalamiento significativo y súbito que detone simultáneamente otro conjunto de eventos y respuestas que abonen a una espiral de disrupción. Hoy sobran potenciales epicentro para un fenómeno similar.

Mi punto es, para nadie son nuevos los riesgos arriba planteados, pero creo que su posible materialización debería tener asignada una mayor probabilidad que lo que podría uno deducir de los grandes consensos económicos para el presente año.

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