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Adiós a un banquero

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Adiós a un banquero

24/11/2020
Actualización 24/11/2020 - 10:18
columnista
Jeanette Leyva
Moneda en el Aire

Si algo caracterizaba a Luis Robles Miaja era que decía lo que pensaba, aunque eso pusiera en aprietos a las áreas de comunicación de las empresas y asociaciones que formaba parte; franco y directo, a veces no reflexionaba del impacto de sus palabras como uno de los banqueros más influyentes del país.

Y quizás también eso se debía a que si algo tenía, pese a la imagen fuerte que podía proyectar, es que era un hombre sencillo con el cual se podía platicar durante largas horas igual de política que de economía, pero en donde el eje central que dejaban sus reflexiones era su profundo compromiso con México; si algo le preocupaba era que los más de 25 años de estabilidad macroeconómica que se han logrado se mantuvieran y no se fueran a perder.

Para ejemplificar cómo ha cambiado México en las últimas décadas, una de las anécdotas que contaba era justo cuando se casó con Mónica Santamarina, con quien había decidido irse de luna de miel a Europa, esto en 1982 y se presentó la devaluación; de soñar con tres semanas en el viejo continente esto cambió a una semana en el Pacífico mexicano, por lo que aún después de su jubilación, decía que había que valorar lo que se ha realizado en la parte económica en los últimos años.

Robles Miaja participó en la reprivatización del primer banco (Multibanco Mercantil de México) y trabajo cerca de José Madariaga en donde técnicamente se inició ya de manera formal en el mundo bancario.

La periodista Verónica Reynold recuerda una anécdota justo en la época del Fobaproa: “este hombre me va a zapear o de menos regañar si abro la boca y digo una bobada, eso fue lo primero que pensé de Luis Robles, al conocerlo en una reunión con El Economista donde el tema era el Fobaproa” y en donde recuerda que la reunión fue ríspida y no terminó bien.

“Cuando lo nombraron presidente del Grupo Financiero BBVA Bancomer, dije adiós a entrevistas con la institución financiera más grande del país, pero no fue así, llegó la Bancaria y con ella la entrevista con Luis y lo primero que me dijo fue 'lo que pasó esa vez ya fue, así que doña Verónica empecemos…', respiré y mi temor desapareció”.

Y así era él, una persona con la cual si bien podías diferir en sus opiniones, siempre era respetuoso, te escuchaba y buscaba refutarte; su larga experiencia como litigante hacía que no a muchos funcionarios públicos les gustará hablar con él, ya que como conocedor de las leyes y practicante de las mismas, era difícil ganarle en sus observaciones, y aunque no gustara, casi siempre tenía razón.

Cada vez que lo veía, le decía que era el presidente del 'club de los optimistas', ya que siempre buscaba el lado bueno de las cosas, y es que su fe y ser católico practicante quizás influía mucho en su preocupación porque el país tuviera un mejor futuro, ya que decía que todo lo que se trabajó en las últimas décadas nos permitiría tener una vida mejor, en la que las crisis fueran cosas del pasado y las nuevas generaciones no viviéramos con el temor de una inflación sin fin.

Modernizado ya al mil, sus últimos libros los mostraba en su iPad gigante, en la cual leía sus revistas preferidas y los libros del momento, los cuales acompañaba cada vez que podía ya que sus tiempos de ocio no eran muchos con una buena música de fondo, como la segunda sinfonía de Mahler que confesó a la periodista Claudia Castro, le emocionaba.

Los dos últimos años ya jubilado por BBVA Bancomer, no dejó ni un minuto de trabajar como consejero de empresas, pero si algo disfrutaba en este momento era a sus hijos, a su esposa Mónica de la que siempre hablábamos y a la cual admiraba profundamente, de sus hijos y nietos, a uno de ellos lo presumía en su perfil de WhatsApp y que decía se parecía a él, tenía planes diversos de lo que platicamos muchas veces, ya que si algo distinguía a Luis Robles Miaja, es que siempre tenía tiempo para los amigos, para hablar y explicarte si algo no entendías de las leyes financieras. Es por eso y mucho más que, don Luis, lo voy a extrañar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.