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Yo También

07/05/2019
Actualización 07/05/2019 - 13:29

José Antonio es el segundo hijo de un matrimonio que tuvo a cuatro. Desde los 19 años ayudó a criar a sus cuatro sobrinos. Los cuidaba, cambiaba sus pañales e iba por ellos a la escuela. También es el encargado de ir por las tortillas y el pan mientras su mamá cocina. Cada octubre su máxima pasión es salir de viaje a Acapulco. Le gustan las albercas y la playa. Es un gran aficionado de los Pumas y en el rostro tiene una cicatriz porque de niño se emocionó tanto cantando El Rey, de José Alfredo Jiménez, que no controló sus movimientos y se pegó contra un vidrio.

Tony, como toda su familia lo conoce, nunca está de mal humor. Hace unos días cumplió 50 años de edad, aunque cuando nació los doctores le dijeron a Emma, su madre, que no llegaría a los ocho. En el parto tragó líquido amniótico y eso le causó un daño cerebral. Y aun con su discapacidad intelectual le habría gustado estudiar, pero en los setenta, cuando él era estudiante, no había escuela que lo recibiera y fue discriminado. Fuera de eso, lleva una vida de familia en la que todos en la colonia lo cuidan y lo conocen.

En México hay al menos 7.1 millones de personas con alguna discapacidad, según Inegi. Y todos los que hoy no padecemos alguna la tendremos en nuestra vejez.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación de 2017 de este mismo Instituto, señala que una de cada cuatro personas que tiene alguna discapacidad sufrió discriminación. La ignorancia es contagiosa y los prejuicios también.

La encuestadora Parametría tiene datos preocupantes también: 17 por ciento de las personas con discapacidad se sienten discriminadas en su propia familia. El 18 por ciento dentro de su trabajo. Y entre los encuestados, cuatro de cada 10 cree que aunque la discriminación es un problema, es algo que debe atenderse en casa y no una obligación en la que deba intervenir el Estado.

Y en medio de este panorama desolador y preocupante hay una gran noticia: Yo También. La nueva etapa del proyecto que desde 2003 comenzó la periodista Katia D’Artigues, y al que se unieron también la periodista Bárbara Anderson y el abogado defensor de derechos humanos Agustín De Pavía, tiene como objetivo generar un newsletter semanal que hable, desde el periodismo, de discapacidad, y más importante aún: sobre inclusión.

“¿Cuántas chances hay de que dos periodistas compartan, además de su oficio, el desafío de ser madres de niños con discapacidad? Esta causalidad nos permitió reportear sobre esta minoría con conocimiento, reputación y empatía.

“Porque todos necesitan información clara, sencilla y correcta sobre discapacidad: legisladores, gobierno, empresas, OSC y las propias personas con discapacidad.

“Lanzamos el newsletter Yo También para leer noticias de, sobre y desde la discapacidad, que cada viernes polinizaremos vía e-mail”. Así empieza el primer correo que llegó a quienes nos suscribimos desde el pasado 3 de mayo, fecha en que se cumplieron 11 años de que México suscribió la Convención sobre Derechos para Personas con Discapacidad.

El esfuerzo que emprenden Katia, Bárbara y Agustín, ellas madres de hijos con discapacidad y él un abogado que también vive con una, es una contribución valiosa, necesaria y urgente para poner esos temas que deberían estar en boca de todos. Porque importa romper con datos e investigación los muros de la ignorancia, porque no necesitamos espacios 'especiales' para quienes viven con una discapacidad, sino espacios incluyentes. Porque la tragedia no es la discapacidad, la tragedia es la discriminación.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.