Villarramiel
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Villarramiel

15/03/2019
Actualización 15/03/2019 - 12:08

Cuando algo desaparece sin explicación y simplemente se esfuma, el reflejo nos dice que debemos encontrar el motivo, entender el mecanismo, escarbar hasta hallar la mano que se lo llevó y descubrir dónde se lo llevó. Cuesta encontrar el sosiego. Cuando ese algo que desaparece es dinero y más cuando es nuestro dinero, lo primero que pensamos es que hemos sido víctimas de un robo. Si es mucho dinero, ponemos la denuncia, bloqueamos tarjetas y nos entregamos a manos del sistema. Si es poco dinero, siempre cabe la posibilidad que lo hayamos perdido u olvidado en algún lugar y el reproche viene en contra nosotros mismos junto con la promesa inmediata del cuidado futuro. En este caso, el mismo reflejo nos lleva a proceder con una investigación: desandamos nuestros pasos, reconstruimos escenas, interrogamos a los cercanos y rebuscamos las veces que sea necesario en los mismos lugares, hasta convencernos de que ya no lo recuperaremos.

Por el contrario, cuando algo aparece de la misma forma, sin explicación, asumimos que hay una fuerza superior e inexplicable detrás, algo que está más allá de nuestra comprensión que ha hecho que eso se materialice para nosotros. La suerte. Entendemos a la perfección el mecanismo que hace que las cosas se acaben, pero no los que las hacen perdurar o suceder. Es curioso, pero la alegría de encontrar inesperadamente veinte pesos supera con largueza la frustración de perder cincuenta.

Lo que sucede en Villarramiel, un poblado de España (la España profunda que le llaman) que apenas alcanza los novecientos habitantes ha hecho que me detenga a pensar en esto.

Como si de Macondo se tratara, hace unos cuantos días comenzaron a aparecer en los buzones de los pobladores misteriosos sobres con dinero. Estos 'donativos' no siguen ningún patrón ni lógica: han aparecido tanto en casas de ancianos como enganchados a la bicicleta de una joven inmigrante; hay sobres con cincuenta euros y otros con setenta; los han encontrado en portales de familias acomodadas y en barrios modestos; los han dejado de día y de noche; hay unos que llevan el dinero nada más y otros que llevan mensajes personalizados como “para ti princesa” o “para la reina de la casa” o simplemente un corazón.

Lo interesante es la reacción que esto ha generado. La prensa habla del “Robin Hood de Villarramiel”, las abuelas beneficiadas lo imaginan como un galán parecido al Zorro e incluso la joven que encontró el sobre en su bicicleta dice que es el propio “diosito” quien se pasea por el pueblo regalando dinero, aunque lo primero que hicieron todos fue ir al banco a comprobar que el dinero era 'bueno'.

La interrogante, tal como lo dice la alcaldesa del pequeño municipio, se centra directamente en la intención. ¿Qué es lo que está moviendo a este paladín del efectivo? ¿Hasta cuándo durarán los misteriosos envíos?

Y aquí es donde me sale lo desconfiado, porque a raíz de esto me puse a buscar más apariciones misteriosas de dinero y adivinen qué, aquí en México es algo muy común y más frecuente de lo que nosotros quisiéramos, la diferencia es que no se convierte en noticia y ningún periodista español escribe sobre eso.

¿Sobres con dinero que aparecen misteriosamente en las casas en año de elección?

Pues a ver qué cara pondrán cuando vean la cara del misterioso y caritativo Robin Hood.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.