Viernes
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Viernes

24/05/2019

Nada más molesto que el chistoso de la oficina diciendo a media mañana: “es viernes y el cuerpo lo sabe”. Estas frases, o similares, deben estar apareciendo en este momento en las pantallas de la mayoría de los teléfonos. Frases que no vienen solas, por ningún motivo, vienen acompañadas de fotos de fiestas, de bailes ridículos, de animales contentos, de gente borracha (o con fama de beoda), que nos recuerdan que hoy se acaba la semana. Como si el cuerpo no lo supiera por el cansancio. Hoy, efectivamente es viernes y esta columna al menos lo celebra.

Hoy voy a escribir sobre una persona que cambió los viernes del mundo entero, o en eso está. Una persona que ni siquiera tiene edad para entrar a un antro ni para comprar alcohol, alguien que, estoy seguro, tampoco tiene ganas de hacerlo y que, sin embargo, ha hecho de estos días algo increíble.

¿Qué hacía yo a los once años? Escuela cada día y los fines de semana me levantaba y ya quedaba desocupado, jugaba y me divertía como si no hubiera un mañana. Pues ella no, al contrario, a los once años dejó de divertirse y entró en una profunda depresión y justamente porque “puede que no haya un mañana”. Su infancia se rompió abruptamente cuando en su escuela les proyectaron videos acerca del cambio climático y el daño medioambiental para tomar consciencia. Ella tomó demasiada, dejó de comer, luego dejó de hablar y de reír. No podía creer lo que le hacíamos al planeta. A partir de ese momento se transformó en una niña callada y reflexiva. Unos meses después fue diagnosticada con el síndrome de Asperger.

Me refiero a Greta Thunberg, la niña sueca que se ha convertido en el emblema de la lucha por frenar el cambio climático. Han pasado cinco años de aquel día que cambió su vida, en el que, a pesar de su juventud, decidió que no se quedaría de brazos cruzados y que aunque el mundo no haga nada y siga dirigiéndose inexorablemente al abismo, ella haría lo que estuviera en sus pequeñas manos para cambiar ese destino.

El 20 de agosto del año pasado, se sentó sola delante del Parlamento sueco para iniciar una huelga, exigiendo que el gobierno respetara el acuerdo de París por el cambio climático y redujera las emisiones contaminantes. Imaginen la escena, Greta, sentada en la calle con el inclemente frío del invierno sueco, a su lado un cartel que versa: “Huelga escolar por el clima” (Skolstrejk för Klimatet). Su reflexión es maravillosa, con una lógica de infante que la hace más dura: ¿de qué sirve estudiar para el futuro, si ese futuro no va a suceder?

Leí una entrevista que le hicieron y su lucidez y franqueza son conmovedoras; ciertamente, hay respuestas que sorprenden. Debido al Asperger, ella afirma que no puede creer mentiras y que en este tema nadie dice la verdad. Nos mienten las industrias, las aerolíneas y, obviamente, los políticos. Ella fue invitada al último congreso de la ONU sobre el cambio climático, en diciembre pasado, y en su intervención advirtió a los políticos de todo el mundo que serán considerados como “los mayores villanos de todos los tiempos”, y que su legado será “el mayor fracaso de la historia humana”, si no hacen todo lo que esté en sus manos para frenar esta debacle.

En la entrevista le preguntan si le gustaría hablar de este tema con Trump, y ella responde que no está segura, ya que seguramente él no le haría caso. Concuerdo.

Al comienzo, su solitaria protesta duró tres semanas. Luego, para evitar que su cruzada perjudicara su rendimiento estudiantil, la pequeña pasó a hacer huelga sólo los viernes. Ese gesto se fue replicando y hoy ya se transformó en un movimiento llamado Fridays for future, huelgas escolares por el cambio climático, es decir, niños y niñas que ruegan por su futuro. El pasado 15 de marzo, 2 millones de niños se sumaron en más de cien países. Y hoy, viernes 24 de mayo, se está replicando a lo largo y ancho del planeta, y por eso estoy escribiendo de ella, no porque el cuerpo lo sepa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.