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03/06/2019
Actualización 03/06/2019 - 9:44

No imagino aún desde dónde manda los tuits matutinos. Esos que aparecen en su línea de tiempo antes de las 7:30 de la mañana. ¿Tuiteará mientras desayuna? ¿Desde su cama con Fox News de fondo? O lo hará desde su escritorio, sabiendo lo que significan 140 caracteres que salen desde la calle de Pensilvania. Yo creo que sí sabe lo que significan, pero también creo que su cerebro no le da para interpretar la dimensión de los mismos. Tras el nudo mediático de lo que ha significado pelear con China, Trump ha volteado a su siempre fiel saco de boxeo… nuestro país. La ofensiva llegó con una amenaza arancelaria y no ha parado. Como siempre, los lleva a los excesos con mentiras comprobables y con adjetivos torpes. No importa, hace temblar a los mercados y hoy tiene a una delegación de alto nivel de políticos mexicanos esperando una cita en la antesala de la tragedia.

Se le hace fácil, toma su celular y escribe: “La gente ha estado diciendo durante años que deberíamos hablar con México. El problema es que México es un ‘abusador’ de Estados Unidos, tomando, pero nunca dando. Ha sido así durante décadas. O detienen la invasión de nuestro país por traficantes de drogas, cárteles, traficantes de seres humanos, los coyotes y los inmigrantes ilegales, que pueden llegar muy fácilmente”; “México está enviando una gran delegación para hablar de la frontera. El problema es que han estado ‘hablando’ durante 25 años. Queremos acción, no hablar. Podrían resolver la crisis fronteriza en un día, si así lo desearan. De lo contrario, nuestras empresas y puestos de trabajo regresarán a EU”.

Y así es como abre esta semana de 'diálogo' Estados Unidos, con bombas debajo del escritorio. Sin embargo, a veces nos concentramos demasiado en lo que sucede en las oficinas, perdemos el foco de lo que hoy, ayer y mañana sucederá, en la tragedia migrante y sus historias que no saben de Trump, de Twitter o de delegaciones mexicanas en misiones imposibles. Mientras uno se encuentra mensajes de odio en Twitter, o mensajes presidenciales pidiendo paz en tiempos de ofensas, otros tuits llegan, otras ventanas se abren, no se trata de más odio, pero sí de más dolor. El jueves por la noche me encontré con la cuenta de Eliezer Budasoff, director Editorial de The New York Times en español, en ella compartía un interactivo hecho por el NYT sobre la crisis migratoria: “Hay una crisis en la frontera, pero no se trata de la invasión criminal que Donald Trump quiere hacernos creer. Este mapa muestra una porción del desierto de Sonora, en Arizona. Todos los días, los migrantes perdidos en el desierto fronterizo llaman al 911 con la esperanza de evitar el terrible destino que tuvieron miles de personas que cruzaron antes que ellos”. Acompañado del interactivo, Eliezer transcribía estos mensajes desesperados, las voces del 911:

“Estoy solo, completamente solo. Ya llevo siete días y llevo dos sin beber agua. Ayuda, nos estamos muriendo”.

“Nos vamos a morir en este desierto, nos estamos desmayando. Estamos en las últimas”.

“Yo tenía un sueño, este, sacar a mi familia adelante. Y llevo tres días perdido sin comer. Quería me ayudara al menos, que me detuvieran para ver si me pudieran dar algo de comer”.

“Estoy vomitando sangre. Tres días caminando y ya no tengo nada. Estoy sola, no tengo nada. Sólo puras montañas donde estoy”.

“Está lloviendo, hay mucho frío. Necesito ayuda. Estoy perdido, desde hace cinco días no he comido”.

“¿Bueno? ¿Bueno? Me estoy muriendo, ¡me estoy muriendo! Me estoy muriendo. Se me está parando el corazón ya”.

“Yo ahorita tengo 17 años. Estoy solo, completamente solo, ya llevo siete días. Y llevo dos días sin beber agua”.

“Mi esposa se enfermó, necesitamos agua, hemos estado cinco días caminando en el desierto”.

“Mi compañero ya está muerto. Es que estaba bien, bien enfermo y ahorita ya está muerto”.

“Ayuda, ayuda, por favor. Estoy perdido en el desierto. Me llamo Melvin, necesito agua”.

“Esposas no me van a poner en las manos, ¿no? Yo sólo por necesidad vengo”.

Poco valen los caracteres de Trump cuando se escuchan las voces migrantes, sus últimas palabras, una dosis de realidad que debe estar en la cabeza de todos el miércoles por la mañana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.