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Súbditos sin voz

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Súbditos sin voz

24/09/2020
Actualización 24/09/2020 - 12:56
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

La más reciente renuncia en el equipo cercano de trabajo del presidente Andrés Manuel López Obrador ha calado profundo por los motivos y la respuesta del Ejecutivo. En un gobierno de símbolos, de discursos y bien focalizados, el Pueblo –este inmenso grupo de millones de personas que asesoran al Presidente y a quienes se dirige cada mañana– podría soportar actos de corrupción de casi todas las instancias de gobierno, excepto de una, del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (Indep).

El 22 de enero de 2020, en el comunicado que oficializaba el cambio de nombre del Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) para ser ahora el Instituto Para Devolver al Pueblo lo Robado, la oficina de prensa del Indep dedicaba un párrafo a destacar la importancia simbólica del hecho: “Esta modificación tiene un gran valor simbólico para la sociedad y el gobierno mexicano, pues está acorde con los principales objetivos de la administración del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador: combatir a la corrupción, impulsar la transparencia e implementar una política social en beneficio de los más necesitados del país”. Ocho meses después se encontró con su primer descalabro.

El martes por la noche, Jaime Cárdenas, responsable del Indep, presentó su renuncia. En una extensa explicación de los porqués, Cárdenas apuntó: “Encontramos probables irregularidades administrativas, procedimientos de valuación que no garantizan los principios del artículo 134 Constitucional (mayor beneficio al Estado) mutilación de joyas, contratos favorables a las empresas y no al Indep. Por la manipulación de distintas piezas de joyería hemos presentado denuncias ante la FGR”, corrupción y denuncias en una institución que no podía permitirse un gramo de desconfianza.

A esta carta se suman las declaraciones de Cárdenas con el periodista Ricardo Rocha, en su programa Detrás de la noticia: “Yo exponía dudas, puntos de vista, tanto a los colaboradores cercanos al Presidente, como al Presidente mismo, y creo que esas dudas o comentarios que yo hacía no siempre gustaban […] Eso fue generando, en el plazo de estos tres meses, muchas molestias, pérdida de respaldo del Presidente, que yo lamento, y fue inevitable que se diera esa salida. Varias veces el Presidente cuestionó mi formación de abogado, mi carácter formalista, mi insistencia en los procedimientos”. Lo han documentado distintas voces en las últimas 24 horas, la cercanía de Cárdenas al Presidente y al gobierno de la 4T era sólida, durante años pegado al movimiento impulsado por López Obrador, y ayer decidió hacerse a un lado.

Ante todo esto el mandatario dio su versión, y no hay excusa que valga ni exposición de motivos que lo haga dar una vuelta de tuerca en sus decisiones o darle el beneficio de la duda a su colaborador. Para López Obrador el motivo de la renuncia de Cárdenas se reduce a “no entrarle”, dice el Presidente que le faltó convicción, arrojo y se rindió en la lucha contra la corrupción “ayer dije que el que se aflige se afloja, ni modo que enfrentemos un problema y nos dé depresión […] está de buen tamaño el animal (el Instituto), pero es la lucha de David contra Goliat. Es una transformación, no es un día de campo. No son tamalitos de Chipilín”. A esto lo reduce el Presidente. ¿Ustedes creen que el abogado Jaime Cárdenas pensó que dirigir el Indep era hacer “tamalitos de chipilín”? Otra oportunidad perdida por el Presidente. Parece que no le gustan los que piensan distinto a él, no le gusta seguir procesos administrativos y tampoco puede aceptar que expongan casos de corrupción. Lo dijo Cárdenas ayer: quería lealtad ciega y ahí comenzaron los problemas. El Presidente no quiere colaboradores, quiere súbditos sin voz.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.