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#SinLibrosNoHayFuturo

28/05/2020
Actualización 28/05/2020 - 12:04
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

Cuando era niño pensaba que no existía una profesión más honorable que la de veterinario, gran parte de mi infancia y mis primeros años de adolescencia pensé que estudiar durante años para poder salvarle la vida a un animal hablaba de un profundo amor a la vida, te hacía una persona sin un gramo de egoísmo y que para darle tranquilidad a un ser de otra especie (gato, perro, vaca, caballo y todos los que usted piense) necesitabas tener un lenguaje de comunicación único e innato. En fin, no es que no siga pensando lo mismo de los médicos veterinarios, en mi cabeza no se ha reducido su heroísmo; sin embargo, cuando comencé a estudiar las carreras de periodismo y letras hispánicas encontré una empresa igual de honorable, compleja y, en cierto sentido, también salvadora de vidas: la de aquellas personas que se dedicaban en este país a publicar libros de manera independiente, pequeñas editoriales que le apostaban a escritores nuevos y a lectores ávidos en un país donde las cifras oficiales nos dicen que cada mexicano lee menos de 1.8 libros al año –signifique lo que signifique ese .8.

También se convirtieron en héroes que se habían aventado a una conquista con la única fe de contar historias que llegaran a cientos, miles y, si tenían muchísima suerte, a millones. En las grandes ferias del libro los buscaba, me encantaba recorrer los pasillos que los amontonaban, siempre había ediciones raras, escritores desconocidos, impresiones atrevidas y amabilidad en la venta. Abría los libros y veía impresiones de 500 ejemplares, mil, tres mil, si era la gran apuesta del año. La mayoría de las veces salía con tres ejemplares hermosos y autores que me recomendaban amigos que despreciaban los best sellers.

Los libros siempre me han parecido objetos de lujo. Conocer el proceso de creación es fascinante; tener un libro en las manos es una de las cumbres más altas que ha alcanzado el ser humano; perpetuador de conocimiento y ventana abierta a mundos inimaginables, hemos descubierto que no hay mejor acompañante ni terapeuta en tiempos de crisis. Justo en esta que estamos viviendo nos ha permitido viajar sin escalas a lugares con todo incluido, sin salir de ese cuarto que llevamos 11 semanas habitando. Por esto y tres mil quinientas páginas más de razones #SinLibrosNoHayFuturo.

Es épica la manera en la que sobreviven las editoriales independientes en nuestro país, con ediciones de lujo y seleccionando las mejores apuestas literarias van a todas, no desprecian ningún foro, y crean eventos de todo tipo para atraer al lector, así han pasado crisis económicas, ferias canceladas y ventas bajas; sin embargo, todo tiene un límite. La crisis sanitaria que vivimos actualmente por la enfermedad Covid-19 los ha dejado en la antesala de desaparecer. Las editoriales Almadía, Ediciones Era y Sexto Piso necesitan nuestro oxígeno, tenemos hasta mañana para apoyarlas a través de una página de Donadora en la siguiente liga https://donadora.org/campanas/almadia-era-sextopiso, necesitan dos millones de pesos y, al cierre de esta edición, llevaban la mitad. Sé que las historias inolvidables tienen el mejor final, así que tengo la esperanza de que alcanzaremos la meta. A cambio de tu apoyo recibirás cupones, descuentos, libros y, si eres un poco más generoso, hay fotografías, grabados, libros especiales de agradecimiento infinito.

En una breve reseña en la página de Donadora nos muestran su tamaño en tres líneas: Almadía se fundó hace 15 años, Ediciones Era hace 60 y Sexto Piso hace 18. Entre las tres casas sumamos casi un siglo de edición independiente. Cada título que hemos publicado es una participación en el largo intercambio de ideas que conocemos hoy como literatura, una conversación que lleva siglos ocurriendo y gracias a la cual los seres humanos hemos sido capaces de imaginar otros mundos posibles para superar los retos y dificultades que como sociedad se nos han presentado a lo largo de nuestra historia.

De puentes a historias increíbles ahora nos toca mantener la suya. Sin libros no hay futuro, sin héroes tampoco, mantengamos el milagro de cientos de personas que viven por y para la literatura, que han apostado todo en ese objeto que nos ha llevado a tantos lados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.