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13/05/2020
Actualización 13/05/2020 - 14:00
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

Cierto, estamos acostumbrados a la eterna simulación en este país. La votación unánime en contra de la 'ley Bonilla' en la Suprema Corte de Justicia de la Nación fue un alto al fraude disfrazado de apariencia legal; era insostenible que un gobernador quisiera cambiar el tiempo de su mandato de dos a cinco años. En pocas palabras, la SCJN le dijo basta a la simulación. Así lo explicó el ministro presidente de la Corte, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, en entrevista radiofónica en Así las Cosas: “¿Qué es lo que sucede? Se hacen una serie de reformas al artículo octavo y después una serie de reformas administrativas para APARENTAR que se está llevando a cabo una elección por cinco años y que no se cambió absolutamente nada porque todo mundo estaba de acuerdo en que la elección era por cinco años, cuando realmente la elección era por dos años. Entonces, cuando nosotros vemos lo que sucedió, la cadena de tiempo de lo que se desarrolló en la llamada 'ley Bonilla', nos damos cuenta de que hubo una serie de esfuerzos para tratar de ESCONDER el sentido real que era la voluntad popular en una elección de dos años para convertirla en una elección de cinco años”. Resalto dos palabras en sus declaraciones: APARENTAR y ESCONDER, eso es simular y sucede todo el tiempo en México; sucede cuando el Senado designa a la próxima responsable de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a través de un dedazo y de una nebulosa contabilidad; sucede cuando se vende una estrategia de seguridad basada en una 'guardia civil' llamada Guardia Nacional, pero en realidad es la expansión territorial del Ejército y la Marina en labores de seguridad pública; sucede cuando voltean a otro lado y dicen que las casas de Bartlett, de su pareja y de sus hijos nada tienen que ver con enriquecimiento ilícito; sucede cuando, a pesar de todas las recomendaciones de colaboradores cercanos y calificadoras internacionales, te aferras a una refinería que no va a llevar a nada a Petróleos Mexicanos; sucede incluso cuando dices que hay libertad de expresión en este país pero siguen asesinando a periodistas, y, peor aún, se mantiene por encima de 95 por ciento la impunidad en estos casos. En todo se simula, todo el tiempo y no sólo desde el gobierno. Cuando el expresidente Felipe Calderón habla de un desconocimiento total de las acciones de su brazo derecho, Genaro García Luna, durante todo un sexenio, acusado de declaraciones falsas y conspiración de narcotráfico, también ahí se simuló un combate frontal contra el crimen organizado que costó cientos de miles de vidas.

El caso del gobernador de Baja California era un caso emblemático por lo increíble que sonaba que un candidato que había hecho una campaña para estar en el poder dos años, de repente comprara diputados locales, cambiara la legislación local y quisiera estar cinco años en el poder; nadie lo podía creer y llegó a niveles tales que meses después se tuvo que resolver en la Corte, algo tan ridículo, como de guion de La ley de Herodes. Sin embargo, lo ridículo llegó hasta estas instancias por declaraciones de la propia secretaria de Gobernación, donde en un video se atrevía a declarar: “Ahorita acabo de hacer una declaración importante, me dijeron ‘¿es legal los cinco años?’ Le dije: es legal porque está vigente en una norma (…) para mí la norma va a pervivir”. O las del subsecretario Ricardo Peralta, al defender la intención del gobernador Bonilla a capa y espada.

Creyeron que podían porque la simulación siempre se impone en México, porque en los vacíos legales se reproducen las arbitrariedades, las verdaderas intenciones políticas. Los fraudes, la mayoría de las veces, como lo dice Zaldívar, son simulaciones, eso es la 'estafa maestra' en las universidades; la 'casa blanca' de Peña Nieto y el regalo de un proveedor del gobierno; las miles de empresas fantasma, trampas en medio de una legalidad de fachada. Hace un par de días la Corte dijo ya no más.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.