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05/09/2019

No conocí personalmente a la periodista Miroslava Breach.

Conozco al menos una decena de periodistas que sí lo hicieron, algunos coincidieron en una cobertura, otros fueron amigos cercanos, un par más fueron casi como su familia.

Todos coinciden en su valentía, en su arrojo y en su rigor periodístico. También en su amor a los suyos.

Su diario, La Jornada, imprime su cara todos los días desde su asesinato y lleva la cuenta de los días en impunidad. “El tiempo corre y no se aclaran los asesinatos de Miroslava Breach y Javier Valdez”, consigna el diario, 897 días para ella, 843 días para él.

En este país en el que la memoria no se nos da ha nacido un colectivo de periodistas que se ha sumergido en el expediente del asesinato de Miroslava y ha encontrado MÁS pistas, información ignorada y nombres de posibles responsables que las propias autoridades estatales y federales.

Ayer fue presentado este trabajo periodístico hecho por El Colectivo 23 de marzo (un grupo de reporteros que trabaja en México) junto a Forbidden Stories, Bellingcat y el Centro Latinoamericano de Periodismo de Investigación, titulado “Proyecto Miroslava”. El primer párrafo nos refresca la memoria.

“El día 23 de marzo de 2017, antes de las 6:50 de la mañana, en la ciudad de Chihuahua, la periodista Miroslava Breach Velducea esperaba a bordo de su camioneta a su hijo para llevarlo a la escuela, cuando un hombre se acercó caminando y le disparó a través del parabrisas y la ventana del piloto. Disparó ocho tiros que le provocaron heridas en los brazos, la cara, el cuello. Luego, el asesino regresó sobre la banqueta por la que había llegado y se dio a la fuga en un auto que lo esperaba a pocas cuadras. La hija mayor de Breach salió de la casa tras escuchar los disparos y los gritos de su hermano. Encontró a su madre inclinada hacia el lado del copiloto, inerte. Llamó una ambulancia, pero antes llegó la policía. Su madre ya había fallecido”.

A partir de ahí el colectivo y sus aliados internacionales recrean el asesinato, persiguen cada pista y no olvidan una sola declaración de las autoridades; de hecho, recuerdan las primeras palabras del que era el nuevo gobernador del estado, Javier Corral: la investigación sería un “modelo nacional” para aclarar crímenes contra periodistas. Ellos se encargan de demostrarle al paso de dos años de investigación TODO LO CONTRARIO.

Se descubre una descuidada custodia de evidencia, la presencia del gobernador tres días después del asesinato en el domicilio de uno de los cómplices, se va al fondo del poder de un grupo criminal llamado Los Salazares, se exploran todas las relaciones entre políticos y narcotraficantes en el municipio de Chínipas (uno de los temas más recurrentes en el trabajo de Miroslava), y se exhibe la lentitud e ineficiencia de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión (FEADLE).

El extenso trabajo de El Colectivo 23 de marzo es una sacudida a la memoria de este país, es un esfuerzo titánico para aclarar el asesinato de una periodista –en los últimos 10 años han sido asesinados 81 periodistas más– y deja en ridículo a todos los niveles de gobierno y su ineficiencia constante.

Es deber de usted, respetado lector, que entre a proyectomiroslava.org, atrévase a conocer la historia este “modelo nacional”, según lo dicho por Corral, que ha quedado en una vergüenza nacional.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.