“Por Dios, es una tragedia”
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“Por Dios, es una tragedia”

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“Por Dios, es una tragedia”

04/12/2019

Hace un par de meses acudí a un examen profesional de maestría en Derechos Humanos y Democratización del Programa Regional Global Campus, en el European Inter-University Centre, con sede en Venecia. El tema de la tesis era un interesante análisis y posible aplicación de un programa de Integridad de la OTAN a la Guardia Nacional; el trabajo fue defendido por la internacionalista Nuria Palou. Aunque la conclusión del estudio es muy interesante, esta vez no me ocuparé en desarrollarla. Quisiera detenerme en la pregunta y en la reacción de uno de los sinodales, un profesor sueco de la Universidad de Lund, el Dr. Karol Nowak, cuando escuchó el porcentaje de impunidad en nuestro país. La estudiante dijo: “De acuerdo a datos del fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, el 99 por ciento de los delitos cometidos en México quedan impunes”, el profesor hizo cara de extrañeza, anotó el dato y esperó su turno a la hora de las preguntas. Cuando tuvo la palabra, le preguntó a la estudiante, “dijiste un porcentaje de impunidad, dijiste 99 por ciento, ¿a qué te refieres con eso, a qué delitos, o en qué poblado?”, Palou contestó, “es el porcentaje de impunidad en todos los delitos a nivel nacional, y es una cita textual del fiscal general de la República, aquí está la declaración”, cuando escuchó esto el Dr. Nowak se tomó la cabeza con ambas manos y dijo: “Por Dios, es una tragedia, esto es imposible”. Ya nos acostumbramos a nuestro México injusto, nuestros ojos ven con normalidad que uno de cada 100 delitos se resuelvan y los 99 restantes entren en un abismo de olvido y rabia, hemos sobrevivido así, y ya nadie hace marchas por la impunidad, son tantas las fallas en todos los niveles que la hemos dado por perdida… bueno, casi todos, aún hay grupos de ciudadanos y organizaciones que luchan incansablemente por revertir lo imposible.

Ayer, la organización Impunidad Cero presentó la tercera edición del reporte 'Impunidad en Homicidio Doloso'; aunque se trata de un delito en específico, es uno de los más graves. Los resultados no son nada alentadores, de hecho, el estudio comienza con una frase lapidaria: el año pasado en México “una persona fue asesinada cada 15 minutos y un caso fue resuelto cada tres horas”; es devastadora esta fotografía.

Datos específicos del hoyo que hemos cavado: en este delito, la impunidad alcanzó 89 por ciento, tan sólo se resolvió en nuestro país uno de cada 10 homicidios; de 33 mil 521 víctimas de homicidio doloso solamente se emitieron tres mil 600 sentencias condenatorias; la entidad con mayor impunidad fue Morelos, con 99.6 por ciento –perdón, pero esta cifra es inimaginable, en el estado del gobernador Cuauhtémoc Blanco se mata porque no existe NINGÚN castigo–; le sigue Chiapas, con 99 por ciento; y Oaxaca, con 97.8 por ciento, es el terror; el homicidio doloso se mantiene como la principal causa de muerte en los jóvenes entre 20 y 24 años.

¿En qué cancha cabe esta debacle del Estado? ¿En un Poder Judicial incapaz de armar expedientes sólidos? ¿Jueces hartos y torpes? ¿Una Fiscalía rebasada? ¿Una policía sin confianza ciudadana? ¿En cárceles llenas de personas sin juzgar?

La mirada angustiada de un especialista en derechos humanos sueco es algo que hemos perdido, nos ha tomado ya 13 años. Si le digo que en Morelos, Chiapas y Oaxaca se mata sin consecuencias, ¿saldrá a marchar indignado? Es más fácil que esto se vuelva una tesis doctoral en Estocolmo, a que el Presidente se detenga en su mañanera e invite a una reflexión nacional sobre dónde estamos parados en materia de justicia. Al menos Impunidad Cero no baja los brazos, el seguimiento incluye también un acercamiento con cada fiscalía estatal, algunas han implementado acciones para disminuir la injusticia, otras simplemente han ignorado el indicador. ¿También tiene las manos en la cabeza al terminar de leer esta columna o ya se acostumbró?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.