Otra vez… la corrupción mata
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Otra vez… la corrupción mata

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Otra vez… la corrupción mata

05/05/2020
Actualización 05/05/2020 - 9:57
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

La última vez que supimos de él fue lamentando la pérdida de su amigo y colaborador Gerardo Ruiz Esparza, el pasado 15 de abril, y así aparece y desaparece desde Nueva York, Madrid, o desde donde él quiera y siempre nos preguntamos lo mismo: ¿hasta dónde veremos la estela de corrupción del gobierno de Enrique Peña Nieto?

Hablando de Ruiz Esparza, recuerdo el dolor que causó la muerte de dos personas en el socavón del recién inaugurado Paso Exprés de la autopista México-Cuernavaca; nos indignamos terriblemente porque no era posible que una obra con menos de 12 meses de inaugurada se viniera abajo y matara a dos personas. Todos habíamos sido testigos de cómo el presidente Peña Nieto grababa un video sobrevolando la zona y presumiendo “otro logro más” de su gobierno. Nos dolió porque fuimos capaces de ver la cadena completa de corrupción y el desenlace trágico, todo frente a nuestros ojos. Sin embargo, hay tantos casos de corrupción que están sumergidos en el fondo, que emergen en el peor momento, exhibiendo una vez más que la corrupción mata y seguirá matando.

Ayer el diario El Universal publicó una nota de la periodista Zorayda Gallegos, titulada 'Se desviaron en el IMSS recursos para ventiladores'. En ella la reportera explica cómo entre 2014 y 2018 el Instituto Mexicano del Seguro Social contrató a 133 empresas fantasma a las que les pagó 320.9 millones de pesos. Esta compra fantasma incluía 15 ventiladores, 250 mil uniformes quirúrgicos, 80 mil 377 batas para aislamiento y demás utensilio médico que hoy significa la vida o la muerte de cientos de personas. El desvío fue y es criminal. La raíz de esta nota fue un reporte que publicaron en marzo pasado las organizaciones Impunidad Cero y Justicia Justa, donde se publicaba el desvío en el sector salud de más de 4 mil 100 millones de pesos. Un desfalco en los sectores de salud federal y estatales, y políticos de todos los colores implicados en el desvío obsceno. (https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/javier-risco/que-mas-necesitan)

Gallegos se detiene en un contrato de 2017, uno con la empresa Interacción Biomédica, por 4.7 millones de pesos, para la adquisición de nueve ventiladores: “cada ventilador, se lee en el fallo de compra realizada por la delegación Tamaulipas, costó 532 mil 652 pesos y, según las especificaciones, es un “equipo electromecánico controlado por microprocesador y de soporte de vida para apoyo ventilatorio”. El contrato se firmó el 28 de noviembre de 2017, cuatro meses después de que la empresa fuera señalada de forma definitiva por el SAT como fantasma y su nombre apareciera publicado en el Diario Oficial de la Federación”. La nota va acompañada también de mantenimiento simulado, de otros desvíos que, insisto, hoy están costando vidas.

Así como nos indigna este caso, en este momento también se documenta un abuso. El viernes pasado, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad publicó cómo el hijo de Manuel Bartlett, León Manuel Bartlett Álvarez, le vendió al gobierno de Hidalgo el ventilador más caro en esta crisis sanitaria. La delegación del IMSS de este estado asignó a Cyber Robotics Solutions, propiedad de León Bartlett, un contrato por 31 millones de pesos por 20 ventiladores respiratorios. Cada equipo fue vendido en un millón 550 mil pesos, que es el precio más alto desde que se declaró la emergencia sanitaria por Covid-19. También la voracidad es corrupción.

No cabe la balanza política, los polarizados gritan desde la esquina que ellos prefieren y ven la corrupción que les conviene. Aquí la justicia debe caer para todos. Hay casos más graves que otros, pero al final todos cuestan vidas. Dar 85 por ciento más caros unos ventiladores es igual de criminal que no haber comprado algunos. Siempre llegamos al mismo callejón sin salida: la corrupción mata.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.