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26/03/2018
Actualización 26/03/2018 - 9:37
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

Esta semana inicia nuestro viacrucis político. En pleno Viernes Santo arrancarán las campañas rumbo a la presidencia y desde ayer los primeros spots, el mensaje con el que arrancará formalmente la contienda por Los Pinos, comenzaron a circular. Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade ya lanzaron los primeros anzuelos.

¿Desde dónde están mirando? ¿Qué es lo que les preocupa más para hacerlo su primer mensaje? Los tres dejan ver una particular estrategia que marcará la contienda. Por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador se aleja de su figura siempre protagónica y ante la ventaja en las encuestas invita al electorado a votar por sus candidatos, tanto en diputados como en senadores. Andrés arranca la contienda sabiendo que, de llegar a ser presidente, aquello que pretende transformar se quedaría en pausa si en el Congreso la mayoría bloquea sus temas. Posibles cambios a la reforma energética, por poner sólo uno sobre la mesa.

Sin embargo, es austero no sólo en la producción del mensaje. No aparece ningún otro personaje, no recrea escenarios: es él, sentado en una banca de madera y sin traje, con una camisa blanca sin corbata, una estética a la cual nos tiene acostumbrados en el video semanal que hace mucho se volvió recurrente en redes, pero es austero también en la forma en que justifica el llamado al voto. “Para que el Poder Legislativo sea verdaderamente libre. No como ahora, que los diputados piden moches”. ¿Libre de quiénes? ¿Por qué el Congreso actual pide moches? ¿Por no ser libres? Ahora sí es momento que dejen los discursos generales y se dediquen a los cómo y los por qué. Una cosa sí se le reconoce: de los tres, es el único que incluye lenguaje de señas.

A diferencia de Andrés, Ricardo Anaya centra su mensaje en sus contrincantes, en diferenciarse de ellos. Primero, descalifica al priista que ya considera perdedor y en quien no se detiene pese a haber sido los tricolores quienes concentraron sus esfuerzos de intercampaña no en levantar la imagen del aspirante ciudadano, sino en hundir a su rival más próximo: el frentista Anaya.

Y lo que sigue es descalificar a quien lo supera en intención de voto: el morenista. Desdeña y resalta su visión “anticuada” y lo compara con una supuesta “nueva manera de gobernar” propuesta por el Frente, que construyó con los pedazos que dejó del PAN y los pedazos que encontró del PRD.

El tema central es el uso de nuevas tecnologías para “resolver nuestros problemas hoy”. En el spot aparecen imágenes de distintas personas en el campo, o platicando con él, o en un salón de clases, es grabado desde lo que parece ser una oficina. No hay nada nuevo en el spot, podríamos decir que es el más conservador de los tres, en mensaje y en imagen.

Es el mismo Anaya que hemos visto en spots desde que buscaba dirigir el blanquiazul, el mismo que vimos en precampaña y la misma base: no dice por qué, pero promete ser la única opción nueva.

José Antonio Meade iniciará su campaña con un spot enfocado en el tema de la corrupción. El tema que los tricolores convirtieron en su bandera a pesar de la ironía. El candidato ciudadano-priista señala que toda su vida se ha dedicado a combatirla e incluso dice que “por su trabajo” muchos políticos hoy están en la cárcel, en una clara referencia a los priistas Roberto Borge y Javier Duarte, exhibidos ambos por la Auditoría Superior de la Federación e investigaciones periodísticas, por cierto.

“Se puede ser servidor público sin lavar dinero”, es otra de las frases con las que pretende convencernos de que no seguirá el ejemplo de varios de los personajes que, por cierto, lo acompañarán a pedir el voto (¿Moreira les suena, por ejemplo?).

Cierra el promocional de 30 segundos diciendo que en su gobierno el “único privilegio” será ser mexicano, lo que pretende que sea un slogan que lo desmarque de aquellos priistas que durante décadas han ostentado el poder y han hecho saber del lujo que eso acompaña.

El candidato aparece en un primer plano y plano medio corto, con saco, pero sin corbata, no sonríe y no hace mención de ningún candidato, se centra en su figura.

¿Sobre propuestas concretas? ¿Qué pasará con la violencia? ¿Temas de inclusión? ¿Referencias a la comunidad LGBT? ¿Cómo van a terminar con la corrupción? ¿Sobre una Fiscalía autónoma e independiente? ¿Cuál es la estrategia para un México de 30 mil desaparecidos? ¿Movilidad? ¿Pobreza? ¿Incluir una agenda de dignidad como la que Marichuy promovió buscando firmas? Nada. Esos primeros 30 segundos no marcaron la diferencia de cualquier spot de campaña. Vaya viacrucis con el que arrancaremos, no de 40 sino de 90 días.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.