Nuestra fragilidad
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Nuestra fragilidad

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Nuestra fragilidad

18/06/2019

Nos sentimos frágiles. El otro día un ingenuo amigo fue atracado en el centro de la ciudad; dos jóvenes en la plaza de la computación le ofrecieron una funda para su celular, él pensó que era buena idea ponerle una a su iPhone 7, cuando uno de los “vendedores” le pidió su celular, en medio de un hábil juego de manos lo desapareció en segundos, se lo dio a alguien que estaba junto a él, y los dos corrieron entre la gente, fue imposible agarrarlos; mi amigo ni siquiera supo para dónde correr o perseguirlos. Una persona que “pasaba por ahí” les sugirió que se acercaran a una patrulla, que avisaran a la policía, el “amable” ciudadano marcó a la policía y llegó en menos de dos minutos, la sugerencia de la policía fue que mi amigo y su acompañante se subieran a la patrulla para tratar de buscarlos en algunas de las calles cercanas en el centro. Sin pensarlo, subieron; de pronto, a los 15 segundos, mi amigo se dio cuenta que estaba en una patrulla, en la parte de atrás, sin poder bajarse y sin tener claro aún qué buscaban… ahí fue cuando empezó a sentir miedo. Le pasaron cien escenarios distintos por su cabeza, ¿qué podría pasar ahora? ¿Por qué estaba en la parte de atrás de una patrulla? ¿Y si lo acusaban de un delito? ¿Y si lo llevaban a un Ministerio Público señalándolo de delincuente? ¿Su palabra contaría o la de los policías basta para que lo encerraran? Sudó frío, inventó una llamada con el teléfono de su acompañante (ya no tenía pila) diciendo el número de la patrulla en la que estaba, la calle por la que pasaba y lo que le había sucedido, cinco minutos después lo bajaron los policías a 10 cuadras de donde lo recogieron. No encontraron nada. Mi ingenuo amigo no sintió miedo hasta que estuvo en manos de la policía, y creo que esa fragilidad la sentimos la gran mayoría, le tenemos un terror a las autoridades mexicanas.

Ayer el portal La Silla Rota, junto con la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad publicaron un reportaje titulado “Edomex: Fabricación de culpables”; en él se exhibe la manera en la que, de manera sistemática, bajo el gobierno del priista Eruviel Ávila, la policía detuvo sin órdenes de aprehensión a inocentes, después les armó expedientes a modo para ponerles títulos de asesinos y secuestradores, les sembraron pruebas, y los jueces los condenaron sin testigos, “La razón: incrementar el número de sentencias condenatorias para elevar los índices de eficiencia y defender los avances de su gobierno en materia de seguridad pública”, señala el trabajo periodístico.

La idea del reportaje surgió cuando se filtró un video donde aparecía Fernando Ulises Cárdenas, entonces fiscal central jurídico de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México diciéndole a sus subordinados: “El promedio que yo les admito en juicio es del 80% de efectividad, no menos. De 10 asuntos tienen que ganar ocho y perder dos… ¿que los delitos son inventados? ¡Eso es de toda la vida, hombre!”.

Así, los reporteros Alejandro Melgoza, Sandra Romandía y Paris Salazar analizaron 25 expedientes judiciales que incluyen a 44 detenidos, donde encuentran una numeralia de terror: en el 100% de los casos los agentes no se identificaron durante su detención; en el 64% de las audiencias no contó con testigos, esto quiere decir que no se presentó la parte acusadora, pero siguió el juicio; 4 de cada 10 detenidos aseguró haber sido torturado para que se declaran culpables; en el 30% de los casos no existió ningún documento u orden de aprehensión contra los detenidos; de esos 44 detenidos, 25 acusaron que les fueron sembradas evidencias, principalmente armas; por estas irregularidades en el debido proceso 25 de los 44 detenidos fueron liberados; sin embargo, más del 60% aseguró haber estado en la cárcel más de un año.

El reportaje es una angustiosa realidad nada lejana, actualmente pensamos que la policía sigue operando igual, estamos indefensos ante la fabricación de este sistema de justicia. A nadie le sorprende lo que sale a la luz en este trabajo de La Silla Rota y MCCI, es la norma.

Como pilón de la fábrica de culpables en la que nos hemos convertido, échese el podcast de la plataforma PODIUM sobre Una novela criminal, la historia ganadora del premio Alfaguara sobre el caso de Florence Cassez, con la que Jorge Volpi nos enfrenta con nuestros peores miedos. No se va a arrepentir, pero sí, tal vez, no pueda dormir.

(Para consultar el reportaje completo de MCCI y La Silla Rota)

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.