No es sólo su voz
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No es sólo su voz

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No es sólo su voz

14/06/2019

Es raro escucharse. Trabajando en radio uno se acostumbra a oír su propia voz, pero no deja de parecerle extraño cómo suena. Cuesta entender que esa es la forma en la que tu cuerpo se expresa, con ese tono y volumen. La voz parece ser algo que nunca nos pertenece. Es algo que generamos desde nosotros, pero que no está hecha para ser oída por uno mismo, sino por los demás, porque lo que queremos decirnos a nosotros nos lo decimos por dentro, en secreto y directo al oído, sin aire ni intermediarios.

Cuesta recordar una voz, al menos a mí me cuesta. Las caras, los lugares, los olores, o incluso cosas más inasibles como las sensaciones y las presencias, me son más fáciles de traer de vuelta. En cambio, las voces solas me parecen más complejo. Recuerdo lo que me dijeron, pero no recuerdo la voz en sí. Recuerdo cómo me sentí con aquello que me dijeron en aquel determinado lugar y tiempo, pero la voz es algo tan propio y tan determinado por la circunstancia que reconstruirla mentalmente es difícil.

Una vez, por casualidad, me tocó escuchar a un hombre que acababa de recibir una noticia horrible, una noticia de muerte, y recuerdo que mientras decía una y otra vez que NO, NO Y NO, su voz se iba transformando, podían perfectamente haber sido tres “no” de tres seres distintos, no de personas, porque el último NO fue un grito más cercano a un alarido monstruoso, algo parecido a un lamento animal alejado de su voz y de cualquier voz humana.

El miércoles, la Fonoteca Nacional hizo pública una grabación en la que se puede escuchar la voz de Frida Kahlo. Es el único testimonio que tenemos de su voz. Este hallazgo viene a completar el cuadro de una mujer fascinante que se ha pintado durante más de setenta años.

Son menos de dos minutos en los que, luego de una breve introducción de guitarras, una voz describe la figura de Diego Rivera: “Es un niño grandote, inmenso, de cara amable y mirada triste. Sus ojos saltones, obscuros, inteligentísimos y grandes están difícilmente detenidos, casi fuera de las órbitas por párpados hinchados... Viéndolo desnudo se piensa inmediatamente en un niño rana, parado sobre las patas de atrás. Sus hombros infantiles, angostos y redondos, terminan en unas manos maravillosas, pequeñas y de fino dibujo, sensibles y sutiles como antenas que comunican con el universo entero. Es asombroso que esas manos hayan servido para pintar tanto y trabajen todavía infatigablemente”

La grabación corresponde a uno de los programas que el locutor Álvaro Gálvez y Fuentes, conocido como El Bachiller, produjo en 1956 para la XEW y el texto que se recita se llama Retrato de Diego, y fue escrito por Frida siete años antes. Los organismos de cultura se lo han tomado con cautela y no han asegurado al cien por ciento que la voz sea de la pintora. Sí reconocen que hay muchas posibilidades de que así sea. Para comprobarlo han investigado con algunos de los allegados a la pintora que aún siguen vivos, a los que les han hecho escuchar la grabación para que den su opinión. Su veredicto es ambiguo y lo entiendo, es muy difícil recordar una voz aislada de su mensaje, que a su vez está ligado al momento y a la circunstancia. Yo creo que es la voz de Frida Kahlo.

No creo que el señor Rivera haya dejado que cualquiera se expresará así de él, por muy artístico o abstracto que haya sido el ejercicio. No creo que él dejara que cualquiera lo llamara “rana”, que le dijera feo en su cara. Creo que la frase con la que cierra es la que despeja mis dudas: “su apariencia es la de un monstruo entrañable al que la mujer, entre ellas yo, quisiera siempre tener entre los brazos como a un niño recién nacido”. Es que no es solamente su voz, es lo que dice y a quién se lo dice, la voz pertenece a las palabras y esas palabras son de Frida.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.