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13/11/2018
Actualización 13/11/2018 - 12:08

¿Se acuerdan de cuando México NO era una tierra fértil de fosas clandestinas? Yo no lo recordaba, pero ayer la investigación “México país de fosas”, hecha por un colectivo de periodistas independientes liderado por Marcela Turati, Alejandra Guillén y Mago Torres y financiado por Quinto Elemento Lab, nos sacudió a todos y nos puso en la cara una realidad que el gobierno mexicano llevaba dos sexenios ocultando o ignorando, no sé cuál es peor.

La investigación traza el génesis de esta práctica horrorosa, su desarrollo y su normalización. En un lejano 2006 se tenía el registro de dos fosas en Michoacán con siete cuerpos; en 2007 subía a 10 fosas con 16 cuerpos; para 2008 se registraron 20 fosas clandestinas con 57 cuerpos; en 2009, 42 fosas con 89 cuerpos; cuatro años después, en 2010 llegamos a 105 fosas con 269 cuerpos encontrados; el pico de terror vino en el penúltimo año del gobierno de Felipe Calderón, se llegaron a contabilizar 375 fosas con 761 cuerpos, eran tiempos de la fosa nuestra de cada día, poco más de una por día, el crimen organizado había hecho suya la práctica de enterrar los cuerpos de cientos de víctimas porque tras un lustro de guerra no había consecuencia alguna, la impunidad les permitía enterrar a quien quisieran; llegó el final del sexenio, para 2012 se contabilizaron 248 fosas con 434 cuerpos; los cuatro años posteriores se mantuvo la constante del crimen, entre 245 y 354 fosas por todo el país, el negocio de abrir la tierra y tirar los muertos no ha caído ni un solo año, porque hay que pensar que las fosas no sólo se hacen con palas, se necesita maquinaria, transporte, personal, una industria que crece en este país de decenas de miles de ejecutados.

Alrededor de las fosas ha habido las historias más dolorosas. En Sinaloa, madres, tías y abuelas, bautizadas por el periodista Javier Valdez como 'las rastreadoras', mujeres que se cansaron de la inacción del gobierno y que salieron a buscar a los suyos, hijos, hermanos, nietos y padres que nunca regresaron, lo hicieron con sus propias herramientas, gastaron todo lo material y hoy siguen gastando cada día. En Veracruz, colectivos despreciados por la Fiscalía estatal por hacer más que el propio gobierno, por encontrar cuerpos imposibles de procesar porque son demasiados, padres y madres que dejaron su trabajo para encontrar a los suyos, por supuesto que los buscan por debajo de la tierra. Y qué decir del gobierno de Morelos, aquellas fosas de Jojutla, el gobierno de Graco Ramírez imitando al crimen organizado, tratando a los muertos indignamente, enterrándolos para olvidarlos, para desaparecerlos.

El trabajo periodístico financiado por Quinto Elemento Lab es ambicioso, pero no suficiente, el procesamiento de los números de fosas y víctimas son el inicio de una base de datos que no existía, el gobierno no se había preocupado por contar esta tragedia. Así lo dice Marcela Turati, coordinadora del proyecto: “No tenemos un mapa de fosas, llevamos 12 años y todavía no estamos seguros ni de la lista de los desaparecidos, que creemos que son muchos más. No tenemos un registro de qué se ha hallado en cada fosa ni siquiera en dónde están, cada estado hace lo que quiere y hay estados que nos contestaban, por ejemplo: ‘No sabemos dónde están los restos’; otros que nos decían: ‘Ya no seguimos registrando porque el forense renuncio’, de ese nivel eran las respuestas”. El grupo de periodistas trabajó con reportes locales, con notas de la prensa nacional, con la poca información oficial y haciendo decenas de peticiones a través del portal de transparencia, así que ellos mismos lo dicen: “Teníamos mucha información, pero no publicamos nada que no podíamos verificar, así que el trabajo final expone un resultado mínimo, seguramente hay muchas más”.

Aplaudo la dolorosa labor que sienta un punto de partida para el nuevo gobierno, que nos da una visión general del horror que sigue y que nos entregará historias mucho peores; ojalá las fosas clandestinas dejen de pasar desapercibidas, porque hasta ahora nuestro país olvida lo que pisa, lo que está debajo de la tierra estaba perdido, hasta hoy.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.