Lo que piensa un charro
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Lo que piensa un charro

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Lo que piensa un charro

13/05/2019
Actualización 13/05/2019 - 13:44
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

Siempre que se hace viral alguna declaración estúpida de un personaje público hay algo que rescatar, al menos la mirada de la gente voltea a un lugar en específico. La semana pasada ocurrió uno de estos hermosos fenómenos mediáticos, cuando el charro de Huentitán, Vicente Fernández, dijo ante las cámaras de Imagen Televisión: “Estando en Houston me hallaron una bolita en las vías biliares y era cáncer (…) cuando me lo dijeron interrumpí la gira. Me quisieron poner el hígado de otro cabrón y dije: ‘no amigo, yo no me voy a ir a dormir con mi mujer con el órgano de otro güey (otro tipo), ni sé si era homosexual o drogadicto”. La declaración no sólo exhibe la ignorancia del charro más icónico de México –ojalá sólo se quedara en eso–, el problema de que alguien como él diga semejante barbaridad es echar para abajo el trabajo de décadas sobre la donación de órganos en este país, cuántos mexicanos no habrán dicho en esta semana: “ves, siempre lo he dicho, cómo voy a tener el riñón de un gay en mi cuerpo”. Porque sí, miles piensan eso.

Dicho esto, pasemos a lo realmente importante. Este fin de semana la periodista Natalia Vitela, en el diario Reforma, publicó una interesante radiografía de cómo funciona la red de trasplantes en este país. De acuerdo a Josefina Alberú, presidenta de la Sociedad Mexicana de Trasplantes, “de los 538 centros autorizados para la donación, procuración y trasplante que existen en el país, sólo el 50 por ciento reportó actividad en 2018”. Esto es mucho más trágico que lo que opina un charro en retiro.

Otro dato que nos pinta un futuro negro es “que la tasa de donación en México es tan sólo de 4.6 donantes por millón de habitantes, mientras que en países como Argentina, la tasa es de 14, y en Brasil se supera los 16 donantes por millón de habitantes”.

Actualmente existen poco más de 15 mil personas en espera de trasplante de riñón, y sólo 20 por ciento son pacientes atendidos.

Pero todo puede empeorar, en el Presupuesto 2019, uno de los centros de salud más afectados fue el Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra). De acuerdo con información oficial de su portal que responde a las preguntas ¿qué hacemos? y ¿quiénes somos?: “Sus áreas son: Dirección General: Determinar las políticas nacionales en materia de donación y trasplante de órganos, tejidos y células para la conformación del Sistema Nacional de Trasplantes, la operación del Registro Nacional de Trasplantes, el cumplimiento de las normas jurídicas y establecer los lineamientos generales para la conducción del Programa Acción. Trasplantes: Se encarga de administrar el Sistema Informático que concentra los datos de la actividad que en materia de donación y trasplantes desarrollan los hospitales en todo el país. Actualiza permanentemente las estadísticas nacionales con base en el flujo de información emitido por los profesionales de la salud en los hospitales que cuentan con licencia sanitaria para realizar actividades de donación, trasplantes y/o banco de tejidos. Por otro lado, realiza el análisis de la información para estructurar propuestas y estrategias de mejora en el Sistema Nacional de Trasplantes. Brinda asesoría y apoyo a los procesos de donación y trasplantes mediante acuerdos con diferentes instituciones de transporte, jurídicas, etcétera. Para ello cuenta con un módulo integrado por personal experto, y que funciona 24 horas del día”, la definición sigue, pero nos quedamos con esto, agotadora tarea y a la vez indispensable para la salud pública de este país, lástima que en el Presupuesto 2019 el Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra) tenga una disminución de 90 por ciento en su presupuesto, al pasar de 8.6 millones aprobados en 2018 a 878 mil 704 pesos para 2019. Sí, leyeron bien, 878 mil pesos anuales. Esto es lo que importa la donación de órganos en este país.

Ojalá todos volteemos a ver la crisis que pasa la cultura de la donación y del trasplante en este país, eso pesa y daña más que lo que piensa un charro.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.