La verdad de Karla
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La verdad de Karla

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La verdad de Karla

14/11/2019

Prepárese a leer una historia más de violencia.

Prepárese a leer una historia más de autoridades compradas, omisas y que desprecian la justicia.

Prepárese a leer el asesinato de una joven en San Luis Potosí.

Prepárese a leer la lucha de una madre por esclarecer la muerte de su hija.

Prepárese a leer una historia que roza lo inverosímil.

La tragedia ocurrió hace más de siete años, el domingo 28 de octubre de 2012 en la discoteca Play Club, en San Luis Potosí. Ahí trabajaba como edecán una joven de 22 años llamada Karla Pontigo. A manera de rutina, todos los domingos su hermano pasaba por ella puntualmente a la hora de salida. Ese día, al querer avisarle vía celular que había llegado por ella, no obtuvo respuesta; extrañado, bajó a la discoteca y durante varios minutos se le prohibió la entrada. En la puerta se enteró que su hermana había “tenido un accidente” y a la fuerza pudo pasar la barrera de elementos de seguridad, llegó al tercer piso y ahí la encontró tirada en un charco de sangre, donde alcanzó a escuchar que le dijo “ayúdame”. Inmediatamente Karla fue trasladada al hospital. De acuerdo con una nota de la periodista Daniela Rea, publicada en Animal Político en octubre de 2015, “Esperanza Lucciotto, mamá de Karla, recuerda que al hospital su hija llegó inconsciente y de inmediato fue sometida a una operación para amputarle una pierna por la profundidad de una lesión. Karla murió a la 1:15 horas del lunes”.

La autoridad local, a través del Ministerio Público, hizo todo mal; la injusticia, el encubrimiento empezó desde el inicio de la investigación. El MP llegó casi 40 horas después al lugar de los hechos, cuando personal de la discoteca había limpiado el lugar donde había sido encontrada Karla. La necropsia realizada la madrugada del lunes dictaminó 39 lesiones en zonas genitales, labios, ojos y cráneo. Después de meses de querer acceder a la investigación, la familia pudo llegar al expediente a través de un amparo y descubrió que la autoridad ministerial había consignado la muerte de Karla como un accidente: “La historia creada ahí fue que Karla corrió en la noche a oscuras por su mochila que dejó en la oficina del dueño, que no vio la puerta de seis centímetros de espesor, que se estrelló con ella y murió”, apunta la periodista Daniela Rea al consultar al abogado de la familia Pontigo. De esta manera, la Procuraduría General de Justicia de San Luis Potosí consignó el caso como homicidio culposo, y el dueño de la discoteca, Jorge Pedro Vasilakos Reyes, pudo salir libre bajo fianza.

Seis meses después, en abril de 2013, la PGJ de San Luis Potosí exhumó el cuerpo de Karla, a petición de la familia Pontigo. La Procuraduría de Justicia de Guanajuato aportó una valoración independiente que determinó que Karla no murió en un accidente, como decían las autoridades locales. “En la revisión del cuerpo y del expediente, se encontraron 39 lesiones, la más grande de quince centímetros en la cabeza, la de la pierna y otras que se pueden considerar defensivas, palmas de la mano, a hombros, antebrazo, cuello, punzocortantes y tiene heridas de índole sexual interior y exterior vaginal”, señaló la Procuraduría guanajuatense.

Es increíble la historia ¿verdad? Nadie con un par de dedos de frente podría dar el caso como cerrado, o al menos pensar que la justicia actuó imparcialmente. Hace tres años la historia de Karla llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación; ayer, la Primera Sala de la SCJN aprobó por unanimidad la petición de la familia Pontigo. Esto significa que la investigación por el feminicidio de Karla regresa a cero para investigarse como tal y no como un absurdo accidente. Esto sienta un precedente en la impartición de justicia, en la revisión del debido proceso y abre la puerta de la verdad en miles de casos donde el dinero y la influencia había dictado la sentencia final.

Información obtenida de la nota de la periodista Daniela Rea, en Animal Político, el 31 de octubre de 2015.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.