La transparencia simulada
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La transparencia simulada

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La transparencia simulada

08/01/2019
Actualización 08/01/2019 - 17:56

Es llegar al mismo callejón sin salida. Hacer las declaraciones patrimoniales, de intereses y fiscal, como si se tratara de rellenar un espacio con letras y números absurdos; no es mostrarles a los ciudadanos el terreno ganado en rendición de cuentas. Aunque este gobierno ha hecho pública su intención de tener funcionarios honestos y comprometidos con la transparencia, llegamos a la misma pared que desde hace años nos encontramos quienes esperamos tener una referencia de cómo y cuánto tienen al llegar a sus cargos públicos.

Después de un sexenio en el que el gobierno de Peña Nieto evadió a toda costa cualquier tipo de transparencia y los medios se encargaron de hacer pública su 3de3 a punta de reportajes de investigación, urge una muestra de cómo hacer bien las cosas.

“Nunca me ha interesado el dinero, lucho por ideales, por principios. Aunque también aclaro, para no ofender a nadie, que no todo el que tiene es malvado”. Bajo esta premisa, López Obrador a sus 65 años no tiene nada que le pertenezca en la vida; de hecho, no ha ganado un peso por escribir más de una decena de libros. Es un tema en el que siempre se escuchan los mismos argumentos a favor y en contra; de un lado, algunos dicen: “no puede ser que el presidente no tenga una tarjeta de crédito, no gane un peso en todo un año, no tenga ni siquiera el Jetta a su nombre”; por otro lado se escuchan voces contestando: “si supieran cuántos mexicanos no tienen una tarjeta de crédito, no pensarían eso; vivía de lo que le daba el partido, ese carro es de su esposa”, y así llegamos al mismo final que nos han heredado los gobiernos anteriores, un Ejecutivo incapaz de hacer una declaración patrimonial, de intereses y fiscal que sirva como modelo para todos los servidores públicos debajo de él.

Cuando apareció en la portada de la revista ¡Hola! el excoordinador de comunicación, César Yáñez, quedó expuesta la fragilidad de la austeridad por contacto. Nadie como Yáñez había estado tan cerca de López Obrador en los últimos 20 años –estoy casi seguro que lo veía más que a sus hijos–; sin embargo, había caído en lo que tanto habían criticado, la opulencia en la ceremonia más íntima. La portada en la revista que se convirtió en el álbum familiar del expresidente. Hoy le ha cobrado factura. Después de regresar de la luna de miel, se ha convertido en el secreto mejor guardado del actual gobierno; nadie sabe si opera y si está presente en los actos más importantes del presidente; hasta el momento pocos lo han visto. Cómo exigirle a Yáñez una respetable 3de3, cuando su jefe, con una declaración de propiedades digna de un monje franciscano, es incapaz de poner el ejemplo (por cierto, al día de ayer, Yañez no había presentado su 3de3 en el portal de Declaranet).

Bien lo escribió ayer la doctora Jacqueline Peschard, expresidenta del Comité de Participación Ciudadana y del Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción, en las páginas de este medio: “Abanderar la lucha contra la corrupción y no predicar con el ejemplo es, por decir lo menos, demagógico (…) ¿No habría sido mejor que todo el gabinete publicara sus declaraciones por decisión propia, no para pretender que carecen de bienes y propiedades, que suponemos adquirieron por vías legales, sino para mostrar su determinación de ser ejemplo de integridad?” Por qué es incapaz el presidente de demostrar que toda su vida ha vivido de un trabajo digno y honesto, por qué simular una vida imposible de llevar. Ahora al menos pone su salario en la declaración actual, pero hubo años que presentó su 3de3 con cero pesos generados en todo un año. En fin, ojalá el cambio prometido venga con nuevas formas de transparencia, con rendición de cuentas reales y con un Ejecutivo que sirva como modelo a seguir, como el primer presidente que llega con las puertas abiertas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.