La lucha de Yásnaya
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La lucha de Yásnaya

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La lucha de Yásnaya

04/03/2019
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

A finales de mayo de 2017 México conoció a María de Jesús Patricio. En su presentación pronunció un discurso que debemos repetirnos todos los días: “mi nombre es María de Jesús Patricio, soy nahua del sur de Jalisco. Participar como propuesta de parte del Congreso Nacional Indígena y de los hermanos del EZLN que también dieron su palabra, es con el fin, no tanto de trabajar en la cuestión de llevar votos de ir a sentarnos allá en la silla maliciada, más bien nuestra participación es por la vida.

“Es por la organización, por la reconstitución de nuestros pueblos que han sido golpeados por años y años, y creo que ahora tenemos que buscar una forma para seguir existiendo”.

No se trataban de promesas de campaña vacías o repetidas hasta el cansancio, tampoco apelaba a descalificar de manera burda a sus contrincantes, o simplemente de crear un partido para perpetuar la dinámica de vivir del erario, no, Marichuy, como le dicen sus más cercanos, hacía campaña “por la vida”, quería que el país la escuchara con la esperanza de “seguir existiendo”.

En medio de una ola de frentes abiertos que barre con toda agenda, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador usa la velocidad y la legitimidad para caminar en tantas vías que a veces deja de lado las que se alejan del centro. Entiendo la vorágine de temas y pendientes, el sexenio pasado fue una vulgar muestra de impunidad, corrupción y cinismo, pero justo los medios de comunicación deben servir como altavoces de historias y luchas como las de la activista Yásnaya Elena.

El escritor Juan Villoro, en su columna del viernes pasado en Reforma, nos da el contexto necesario para entender el tamaño de la lucha de Yásnaya: “Durante décadas, Ayutla Mixe tuvo rencillas con la comunidad vecina de Tamazulapam Mixe, que se resolvían en asambleas y negociaciones. El antecedente es decisivo para entender la postura que hasta ahora han tenido las autoridades de Oaxaca, que interpretan lo ocurrido como un simple conflicto entre comunidades. Así se pasa por alto que las tierras de Ayutla Mixe han sido invadidas. Quienes las ocupan ilegalmente exigen que el agravio se legalice cediendo títulos de propiedad. La presión ha ido en aumento y el 5 de junio de 2017 encapuchados que portaban armas largas lanzaron ráfagas contra la población indefensa. Luis Juan Guadalupe fue asesinado y otras siete personas resultaron heridas. Cinco mujeres fueron secuestradas durante más de ocho meses y vejadas de la peor manera. Ese mismo grupo paramilitar se apoderó del manantial de Ayutla Mixe y dinamitó los tanques y los ductos de agua de la localidad. Del despojo de la tierra se pasó al del agua, derecho garantizado por la Constitución. En dos años este crimen no ha sido resuelto.”

Esta comunidad de la sierra norte de Oaxaca no tiene agua potable, los pobladores hoy viven con miedo y han resistido. En comunidad han decidido aguantar pacíficamente, desechan cualquier posibilidad de violencia, extrañamente –y lo digo por estos tiempos violentos– buscan la herramienta del diálogo para resolver su conflicto. Sin embargo, no han sido escuchados, el gobierno estatal ha archivado el tema en el cajón de conflictos comunales y no le ha dado la importancia necesaria, lo dice claro la activista “ha habido una negligencia sistemática”.

En pleno invierno la sequía los ahorca, cientos de familias están en situación de extrema vulnerabilidad, a través de su palabra, la activista busca más puentes “buscamos cualquier organismo que permita dar una solución pacífica a esta necesidad apremiante que es el agua y la justicia a lo que hemos vividos, somos cinco mil personas”.

No es una lucha por una candidatura, no se trata de rencillas sindicales, de mexicanos robando gasolina o de simulaciones en el presupuesto federal, no, se trata de una lucha por la vida, por el agua, para seguir existiendo.

(Es indispensable leer a @yasnayae en Twitter)

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.