La limpieza que viene
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La limpieza que viene

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La limpieza que viene

19/06/2019
Actualización 19/06/2019 - 13:28

Cuánto cuesta enfrentar una realidad. El caso del secuestro del estudiante de la Universidad del Pedregal, Norberto Ronquillo, puso a temblar otra vez a la Ciudad de México. A nadie nos extrañó, somos los habitantes que traen dos celulares y un billete doblado en el transporte público; los que se la piensan dos veces antes de caminar por la noche; los que miran con desconfianza al que pasa y roza nuestro codo; los que tienen miedo de tener hijos; los que se decepcionan cada seis años. No ha sido el mes de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum –el problema es que lleva cinco apenas en el poder. En medio de una nebulosa de cifras sobre el secuestro y con declaraciones desafortunadas de la procuradora local, Ernestina Godoy, la inseguridad se posiciona como la herida abierta que más trabajo le costará cerrar, no sólo por la magnitud del problema o por las decenas de organizaciones delictivas que se disputan el territorio, sino porque ha sido incapaz de hacernos pensar que al menos está haciendo algo, que puede reaccionar ante una bomba que no ha dejado de explotar. El fondo de la polémica llegó hace algunos días cuando el Presidente en un afán de apoyarla y de hacerle creer que “no está sola” la exhibió y con la insensibilidad de un gobernante sordo a las críticas señaló a unos “grandulones” que se quieren aprovechar de ella, dejándola como víctima. Nada más alejado de la realidad.

Sin embargo, ayer escuché una voz distinta en el Gobierno de la Ciudad de México, la de la Dra. Ana Laura Magaloni, presidenta de la Comisión Técnica de la transición de Procuraduría a Fiscalía, en el programa Así las Cosas, de W Radio. Vale la pena analizar tres puntos en sus declaraciones: el reconocimiento de una crisis, la infiltración del crimen organizado en las instituciones de seguridad y el tiempo en el cuál se calcula una contención de la violencia. “Sí, sí hay crisis de seguridad, definitivamente hay una crisis de seguridad que viene dada por los factores de haber cambiado de gobierno. Eso es común en una transición, sobre todo cuando cambia el grupo en el poder y el partido en el poder, pero en el caso de la Ciudad de México, pues se agrava por la infiltración que tienen las instituciones de seguridad. Durante la administración anterior hubo una infiltración increíble que no tiene parangón en la ciudad, tanto en policía de investigación, que es la que está en la Procuraduría, como en la Secretaría de Seguridad ciudadana. Y cuando sube Claudia, rompe el pacto criminal entre autoridades y delincuentes y eso sí tiene cimbrada a la ciudad y la jefa de Gobierno está convencida que no va a pactar con los grupos criminales, esa no es una manera de resolver el problema de inseguridad, y que la única manera es volver a construir una policía sólida y aliarse con los ciudadanos en la defensa de la seguridad”. La encargada de hacer la transición de procuraduría a fiscalía en la ciudad ha dado el primer diagnóstico relevante de la administración de Sheinbaum en los primeros meses, se tiene detectada una infiltración brutal por parte del crimen organizado en las instituciones de seguridad que dejó el exjefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, algo que no nos sorprende, pero que no podemos tomar a la ligera, no se puede tomar esta declaración con la normalidad de quien da el clima. ¿Cuántas denuncias se han presentado? ¿Cuántos señalados o en investigación hay actualmente? ¿La crisis de seguridad es algo que también asume la jefa de Gobierno? Yo creo que no hay un citadino que piense que el crimen organizado llegó con el actual gobierno, pero sí que ahora la responsabilidad es de ellos. Magaloni ha dicho que para diciembre debería de dejar de crecer la inseguridad; para diciembre calcula que se estanque y que venga su descenso, lo que exhibe dos noticias, una buena y una peor, la peor es que nos faltan seis meses para la fecha y la espiral, al menos desde las autoridades locales, crecerá; viene lo peor; y la buena, de la cual no tenemos certeza, es que se detenga para 2020. Queda esperar una de las limpiezas más grandes en la historia de las instituciones de esta ciudad y también queda ver a una jefa de Gobierno asumiendo responsabilidades y consciente de que esta ciudad hoy duerme con miedo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.