La “confusión”
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La “confusión”

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La “confusión”

06/11/2019
Actualización 06/11/2019 - 12:15

No he dejado de pensar en la “confusión”.

Se sabe muy poco del ataque a miembros de la familia LeBarón ocurrido en los límites de los estados de Sonora y Chihuahua. La reconstrucción de los hechos hecha por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, fue deficiente y nos estamos acostumbrando a tener tres o cuatro versiones. Desde antier por la noche, Julián LeBarón se ha convertido en la fuente más confiable y eficaz, contestando a todos los medios desde el lugar de los hechos y tratando de reconstruir, con ayuda de las autoridades locales, la masacre.

Sin embargo, el motivo del ataque es el que permanece en una nebulosa imposible de descifrar. La familia LeBarón dice que no lo entiende e ignoran la razón de la brutalidad. El gobierno federal apunta a una “confusión” por parte de grupos del crimen organizado.

Lo que sabemos es que en dos camionetas Suburban distintas viajaban tres mujeres (dos como conductoras) y 14 niños y bebés distribuidos en los vehículos. No había la presencia de ningún hombre mayor de edad, repito, sólo tres mujeres en las camionetas acompañadas de sus hijos. El cuadro de la masacre es devastador: una camioneta calcinada y la otra con una lluvia de balas.

¿Cómo puede un grupo de sicarios “confundirse” al ver a una mujer al volante y a menores de edad en los asientos de la camioneta? Según lo descrito por Julián, las camionetas no fueron atacadas en el mismo lugar, entre siete y ocho kilómetros de distancia separan a un hecho violento de otro, ¿por qué se “confundieron” dos veces los elementos del crimen organizado? Tras el ataque a la primera camioneta, ¿por qué queman la camioneta con niños y mujeres adentro? ¿Qué pensaron los sicarios cuando vieron la escena de la masacre?

Preguntas sin respuestas que nos obligan a pensar en la desconocida estrategia de seguridad nacional del gobierno de Andrés Manuel López Obrador: ¿cómo combatir a grupos del crimen organizado que no entenderán ni con abrazos ni con sermones presidenciales? Días después del operativo en Culiacán, hablaba con un prestigiado periodista (cuyo nombre reservo porque no recibí respuesta al preguntarle si podía citarlo) que planteaba algo que había olvidado decir la autoridad federal al justificar la decisión de liberar a Ovidio Guzmán. Me hablaba de la “asimetría moral” entre Fuerzas Armadas y elementos del crimen organizado. Parecería algo lógico señalar que unos trabajan bajo normas del Estado y los otros actúan como kamikazes de una causa criminal, uno de los dos no tiene nada que perder y la impunidad les hace creer que los límites de crueldad y de barbarie se disuelven en nuestra realidad. No hay igualdad de circunstancias ni de fuerza.

Ayer pensé justo en esto, en la “asimetría moral”, en que miembros del Cártel de Sinaloa, o del Cártel de Juárez, o de cualquier cártel pueden matar a tres mujeres, seis niños y herir a otros seis, porque saben que ese territorio les pertenece y porque en Coatzacoalcos, en Minatitlán, en Aguililla, en Tepochica y en Culiacán –sólo por mencionar los de este año– NO PASÓ NI PASARÁ NADA.

Hacía la pregunta en mis redes sociales: ¿qué nos queda si “confundieron” a tres mujeres y 14 niños? Realmente poco, la foto final es que cualquiera puede ser asesinado, en cualquier lugar, a la hora que sea.

La respuesta del gobierno ha sido lamentar el hecho y prometer justicia, los discursos de siempre, las matanzas que venimos arrastrando de sexenios anteriores y un secretario de Seguridad que no fue capaz de visitar el lugar donde murieron seis niños y tres mujeres.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.