La ciencia de los desaparecidos
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La ciencia de los desaparecidos

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La ciencia de los desaparecidos

03/09/2019
Actualización 03/09/2019 - 13:23

La tragedia humanitaria de los desaparecidos en México no se resolverá con buenas intenciones, tampoco alcanzarán los discursos y mucho menos los lamentos de autoridades que han visto pasar desde hace años a las víctimas como si se trataran de un número más. El panorama es aterrador, pero al menos ya tenemos una fotografía mucho más nítida del problema en el que estamos metidos. El viernes pasado, Karla Quintana, responsable de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas, reveló que entre 2006 y 2019 se han encontrado cuatro mil 974 cuerpos y más de tres mil 24 fosas clandestinas, el mapa mexicano se pinta de rutas de la muerte. En este espacio hemos escrito la titánica labor de la Comisión y de cómo en este momento menos de 50 personas se enfrentan a una ola de más de 40 mil desaparecidos.

Como no alcanzan los discursos, el gobierno mexicano ha tenido tal vez la mejor idea de lo que va de su sexenio, ha recurrido a la ciencia para escapar de un laberinto del cual no pudieron salir los gobiernos de Calderón ni Peña Nieto. El viernes pasado, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) presentó la herramienta tecnológica Ecosistema Nacional Informático en Pro de la Búsqueda de Personas Desaparecidas (ENIPD), la cual será utilizada por autoridades e investigadores que recabarán y analizarán toda la información disponible sobre nuestros desaparecidos. Se tiene previsto que empiece a operar a partir del primer trimestre del próximo año y la encargada del ecosistema es la funcionaria Paola Villarreal Rodríguez, coordinadora de Proyectos de Ciencia de Datos del Conacyt.

En el arranque los encargados de echar a andar el proyecto serán cuarenta investigadores de distintas instituciones como el Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial (CentroGeo), el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el Centro de Investigación en Matemáticas (Cimat) y el Centro de Investigación e Innovación en Tecnologías de la Información y Comunicación (Infotec). Proyecto ambicioso, una de sus primeras metas será digitalizar toda la información de desaparecidos de las últimas décadas y crear algoritmos para detectar y procesar imágenes, dar un orden a todos los expedientes desde antes de la Guerra Sucia. De hecho, trabajarán sobre tres líneas de tiempo, todos los desaparecidos antes de 2006, otro grupo específico de los dos sexenios de Calderón y Peña, y otro que siga a los desaparecidos reportados todos los días. El objetivo de acuerdo con un tuit de la coordinadora del proyecto será, “Con el entendimiento haremos redes de personas, instituciones, lugares, fechas y hechos que le permitirán al equipo de búsqueda obtener datos e información contextual para realizar acciones de búsqueda más precisas”.

Este es un primer paso hacia un tratamiento digno a las víctimas, hacia un orden real de las carpetas de investigación de los desaparecidos, y una verdadera red de información para encontrar a los que nos faltan. Ojalá los proyectos científicos de investigación sean apoyados con presupuesto, y se conviertan, como en varios discursos se ha dicho, en prioridad de gobierno. Que este texto sirva como primer saque, como una guía para poner la lupa en lo que puede sacar a este país de la desmemoria. Sus siglas son ENIPD, ojalá las veamos repetidas hasta el cansancio y también que se convierta en el botón de muestra de que el gobierno de López Obrador NO puede despreciar a la ciencia sino hacer uso de ella.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.