La cabeza de Ronaldinho
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La cabeza de Ronaldinho

13/09/2019
Actualización 13/09/2019 - 14:37

Johan Cruyff sabía algo de futbol.

Los que saben dicen que a él le debemos La Masia y a ésta le debemos a Messi.

Pep Guardiola sólo juega con unos tacos que traen su estampa y, si no mal recuerdo, en su oficina el único cuadro que tiene hace referencia a la figura del holandés.

En fin, dicen que él puso la semilla del Barcelona que hoy idolatramos millones en el mundo.

Un día Cruyff habló del astro brasileño Ronaldinho, esto fue lo que dijo: “Le valoro mucho. Lo que pasa es que le he visto algunos puntos débiles. He visto que no acelera el juego o que su participación no deja jugar a otros al máximo nivel. Yo he dicho de él que tenía que jugar más con la cabeza por su propio beneficio, porque si juegas siempre individualmente te acabas antes. Ronaldinho ha vivido siempre de los elogios y sólo se aprende de las críticas”.

Sí, tenía razón, sobre todo en la parte de “él tenía que jugar más con la cabeza por su propio beneficio”. Habilidoso como nadie, nunca voy a olvidar el gol que le metió al Chelsea en Stamford Bridge. Rodeado de cuatro, en menos de un segundo hizo una finta y con el impulso de la pierna levantada colocó la pelota pegada al poste izquierdo de la portería, es un portento de gol. Y me pregunto: ¿cómo este hombre pudo decidir algo así en centésimas de segundo y tras meses de campaña política pensar su voto y apoyar a Bolsonaro? Ya sé que muchos dirán que no existe relación, la agilidad en el empeine no se relaciona con la inteligencia social, pecados de los genios del futbol. En realidad, un mexicano no puede hablar de las decisiones políticas de un jugador teniendo a Cuauhtémoc Blanco como gobernador de un estado del país.

En fin, así como Cruyff lo diagnosticó en la cancha, también fuera de ella le ha faltado “jugar más con la cabeza”. Esta semana se habló en la prensa mundial del exfutbolista por su nombramiento como embajador de turismo de su país, a pesar de no tener pasaporte. Como bien lo consigna el periodista Breiller Pires en El País, Ronaldo de Assis Moreira y su hermano Roberto fueron condenados a pagar varias multas que ascienden a casi 10 millones de reales (algo más de 2.2 millones de euros) por construcciones irregulares en áreas de preservación ambiental a orillas del río Guaíba, en la ciudad de Porto Alegre. El fraude se remonta a 2015, desde esa época se negaron a asistir a la justicia y fue en diciembre del año pasado que les fueron retirados los pasaportes luego de que la Fiscalía Federal señalara que el exfutbolista ridiculizaba al sistema de justicia brasileño, lo trataba como al mismísimo Ricardo Carvalho. Esto no le ha importado a Embratur, la agencia de promoción turística brasileña, y lo ha nombrado embajador por tener más de 100 millones de seguidores en distintas redes sociales.

Desde su jaula de oro, Ronaldinho ha publicado en diferentes ocasiones su apoyo al actual gobierno y hace unos meses incluso acompañó al presidente en una comida en la residencia oficial.

Hábil con ambas piernas, nos regaló felicidad cuando tenía una pelota enfrente; hoy levanta sus manos –con esa señal que todos conocemos– para decir que, a Brasil, Bolsonaro “le ha devuelto la alegría”. Miope del poder y amante de los homófobos racistas en la presidencia, le sigue faltando “jugar más con la cabeza”, aunque creo que, como consejo, ya es demasiado tarde.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.