La abuela y el nieto
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La abuela y el nieto

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La abuela y el nieto

16/02/2018
Actualización 16/02/2018 - 9:44
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

¿En quién confía Elba Esther Gordillo desde que la arrestaron? ¿Qué sintió al leerse ayer en la portada de la mayoría de los medios de circulación nacional? ¿Recuperó su poder o por qué le impusieron restricciones que parecían obvias hasta que se acerca la elección más grande la historia?

Después de cinco años en prisión, lo que parecía ser el declive de su poder, Elba Esther Gordillo regresó a la conversación y a la agenda nacional por su influencia. Esta vez no fue por sus malabares jurídicos para lograr su libertad, ni por aquellos lujosos atuendos que le valían la crítica del derroche de una maestra; no, esta vez las portadas de los periódicos la regresaron al tablero de la elección:

Milenio: "Elba, un peligro para la estabilidad: PGR".

La Jornada: "PGR: Elba Esther, riesgo para paz y seguridad del país".

El Universal: "PGR teme fuga de Elba; urge a que use brazalete".

Reforma: "Aprietan a Gordillo. Restringe juez comunicación a la maestra".

En las últimas semanas, su nombre ha rondado en la boca de los reporteros que siguen los pasos del candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Y cómo no, después de las declaraciones públicas de familiares de la maestra apoyando al tres veces candidato presidencial, a lo que él ha respondido: “Hay una causa que amerita buscar la unidad de quienes estén dispuestos a luchar por una transformación. Si los maestros y la gente cercana a la maestra Elba Esther está dispuesta a ayudar a la transformación del país, sin condiciones de ninguna índole, bienvenidos todos”, dijo en entrevista para El Universal.

Sin duda ese “bienvenidos todos” puso a más de uno nervioso.

Empezaba este texto preguntando ¿en quién confía Gordillo? De los cientos de amigos que la protegían, que la veían como confidente, su círculo se ha cerrado a unos cuántos, incluyendo la familia, y quizá de este corto puñado que se mantiene cerca, ha sobresalido su nieto, René Fujiwara Montelongo, para conocer los temas que rondan en el círculo cercano de Elba Esther.

¿Qué te dice tu abuela del proceso electoral, cómo lo ve?, cuestioné a René hace algunos días durante una entrevista a través de EL FINANCIERO Bloomberg. “Yo creo que ella no se mete, está en otro momento de su vida, quiere estar más cerca de su familia”, intentó esquivar el joven que incursionó en la política hace una década.

“Pero sí le dijiste, oye, voy a apoyar a López Obrador”, se le insistió. “Sí, se río y me contestó que ella estaba de acuerdo con que yo hiciera eso, que estaba bien, pero ella siempre ha sido así conmigo, me ha apoyado en casi todo en mi vida, me ha apoyado en cosas que parecían casi una locura (…). Ella siempre me ha dado la libertad de tomar mis propias decisiones”. De primera instancia es una respuesta lógica, si tomamos en cuenta que la lucha es desvincularse del historial de corrupción en el sindicato magisterial, pero habría que poner la lupa en estos cinco años que ‘la abuela Elba Esther’ estuvo luchando más por recuperar la libertad que por un puesto en el sindicato y en la crema y nata de la política.

¿Cómo se acercó el círculo cercano a una Elba Esther que previo a su libertad no era precisamente una convencida ‘del cambio verdadero’?

Al menos su nieto le pone dos nombres a su cercanía con Morena: “He conocido a mucha gente de Morena; durante el tiempo de la legislatura en San Lázaro conocí a muchos, Ricardo Monreal, por ejemplo, me parece que es un gran legislador; Luisa María Alcalde es una mujer también que admiro mucho, me parece una mujer extraordinariamente inteligente, una mujer con muchos principios y muchos valores.

“Creo que es a partir de ellos, de las pláticas que he tenido con ellos y de la amistad que tengo con ellos, que he tenido la oportunidad de darme cuenta quién es el verdadero Andrés Manuel López Obrador; me he dado cuenta de que todo lo que se decía de él era verdaderamente falso”, responde.

El PRI en durante tres décadas encumbró a la maestra y la volvió la lideresa más poderosa de América Latina, ahora quiere usar el desprestigio y las dudosas prácticas que un día le acarrearon miles de votos, contra el candidato puntero. Ironías.

Pero ahora que la maestra (casi) recuperó su libertad –al menos la de operación política– y está buscando retomar el control, habría que pensar si se ha acercado a Morena porque el rompimiento con el PRI obligó a su círculo cercano a operar con otra bandera, o si ella, aun desde prisión, maquinó un escenario en el que se convirtiera en la aliada que llevara a la oposición a sacar al PRI de Los Pinos. El tiempo responderá.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.