Insensibilidad
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Insensibilidad

13/06/2019
Actualización 13/06/2019 - 12:14

¿Será el desgaste que supone gobernar o simplemente el estilo de siempre? Hace un par de semanas el periodista Jorge Zepeda Patterson, en el diario El País, escribía un interesante texto titulado “El presidente versus la ‘comentacracia’”. En él hablaba del pulso de los columnistas y del enfrentamiento con el Ejecutivo, de cómo a través de las mañaneras Andrés Manuel López Obrador anula puentes de comunicación y así cambia la manera de llegar con sus gobernados. Antes, ante una figura enigmática como la del presidente, los columnistas funcionaban de traductores, de cronistas de tradiciones crípticas del poder, ahora no, cada día a las 7 de la mañana se muestra un Presidente de cuerpo entero. En la columna se habla de una intención por parte de varios columnistas de erosionar la figura presidencial, de difuminar esa luna de miel que incluye la legitimidad de 30 millones de votos. “Y la comentocracia está haciendo todo lo posible por agotar cuanto antes esa luna de miel. Los micrófonos y las columnas desmontan cada día lo que a su juicio son dislates, contradicciones, errores, ridículos del Presidente y su administración. Tras el enunciado de desaciertos suelen concluir, por enésima ocasión en la semana, con lo que habían profetizado desde la campaña: el inexorable fracaso de López Obrador, su incapacidad para gobernar”. Aunque podríamos caer en una discusión sobre la raíz crítica del periodismo y su función para cuestionar, evidenciar e incomodar al poder, creo que esa polémica la podemos dejar para otro momento, lo que quiero exponer es que su texto hizo que cambiara mi mirada sobre lo banal y lo relevante de los errores presidenciales. El saber diferenciar las capas (innumerables) de ocurrencias, errores y resbalones de Andrés Manuel y a la par saber a través de qué medio y en qué tono señalarlas. Si de pronto Andrés Manuel López Obrador dice que el hombre llegó a América hace 10 mil millones de años, ese desliz se va directo a un tuit, a una ocurrencia y causa la risa de unos cuantos, se toma como eso, como un error derivado de una exposición exagerada a las cámaras de todos los medios. Si el Presidente vuelve a insultar a la prensa y la califica de fifí, hemos visto cómo los reclamos, las cartas de Artículo 19 y la solicitud de respeto por parte del gremio, llegan a una pared y todas las voces terminan en oídos sordos, es una batalla perdida. López Obrador insultará a la prensa hasta el último de los días de su mandato, porque como él mismo lo ha dicho, goza “exhibir a los conservadores vestidos de liberales” y de ahí nadie lo saca, su estilo de gobernar es también confrontar a la prensa. Por último, están los errores trascendentes, los que deben estar en el debate de la agenda nacional y que hay que señalar no para exhibir un “inexorable fracaso”, no seamos fatalistas, sino simplemente con argumentos exponer que el Presidente podría estar tomando una mala decisión, tal vez el mejor ejemplo de este último caso sea la cancelación de las estancias infantiles en su gobierno.

¿Dónde entraría la lamentable declaración del Presidente defendiendo (aún no sabemos de quién) a la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum? “Me siento muy tranquilo en la ciudad porque tenemos una extraordinaria jefa de Gobierno. Claudia Sheinbaum, ¡no estás sola, no estás sola, no estás sola! Es que hay veces que la maltratan mucho, unos grandulones ahí, abusivos, ventajosos, pero no está sola, tiene el apoyo del Presidente de la República y del pueblo en la capital”. Esta desconcertante e insensible declaración del Ejecutivo está en la segunda categoría, en su ‘estilo de gobernar’, “nadie me va a decir qué hacer y yo le levanto la mano a mi incondicional cuando yo quiera”. Poco le importó que no se tratara de una grilla política contra la jefa de Gobierno, de alguna ley atorada en el Congreso local o del golpeteo político de alguna fuerza opositora, no, la victimiza dos días después del primer caso trágico de su gobierno, el secuestro y asesinato de Norberto Ronquillo, un joven estudiante de 22 años, cuyos padres y maestros se quejan de la inoperancia de las autoridades locales y su desprecio a la hora de denunciar el hecho. Es en este contexto que López Obrador da un discurso triunfalista. No se trata de querer ver al Presidente hundido, de buscar cualquier pretexto para pensar que su gobierno va directo al fracaso, se trata de señalar errores, omisiones y esta vez una insensibilidad brutal donde no cabía señalar a unos “grandulones abusivos”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.