Hasta los huesos
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Hasta los huesos

09/01/2020
Actualización 09/01/2020 - 11:29

Hace menos de un año todos nos enteramos lo que eran las partículas PM2.5; si usted como yo tiene una nebulosa en la cabeza y no lo tiene tan claro, se lo recuerdo. A inicios del último mayo respiramos el peor aire registrado, las partículas PM2.5 llegaron a niveles históricos y alcanzaron los 160 puntos; a partir de ahí nos enteramos que tienen un diámetro de 2.5 micrómetros, que son generadas principalmente por fuentes de combustión, que se desplazan con gran facilidad hacia los pulmones, que producen irritación en los ojos, en la nariz y en la garganta, tos, opresión en el pecho y dificultad para respirar, función pulmonar reducida, ataques de asma, ataques al corazón y muerte prematura en personas con enfermedades cardíacas y pulmonares, y por último, y más importante, que en la Ciudad de México no existía un programa de contingencia ambiental para este tipo de partículas. Hoy ya existe y se puede consultar aquí https://www.sedema.cdmx.gob.mx/programas/programa/exencion-al-programa-para-contingencias-atmosfericas-de-las-fuentes-fijas-de-jurisdiccion-de-la-ciudad-de-mexico.

En fin, ayer regresaron las escuelas, la vida laboral y, por lo tanto, el tráfico. Por pura curiosidad entré a revisar el Índice de Calidad del Aire por la noche y la sorpresa fue que encontré niveles entre los 90 y 105 puntos de PM2.5, así que todos comenzamos el año respirando un aire entre malo y enfermo para los grupos sensibles. Nada nuevo. Lo nuevo son los estudios del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) que demuestran que la exposición diaria a las partículas contaminantes PM2.5 afecta nuestra masa ósea y está estrechamente vinculada con el riesgo de padecer osteoporosis. “Una disminución de la densidad de los huesos que se vuelven más porosos y por lo tanto más vulnerables frente a las fracturas”, apunta el estudio.

¿Cómo se realizó la investigación? De acuerdo con una nota publicada por la periodista Agathe Cortés, en el diario El País, los científicos analizaron durante tres años la exposición ambiental y la calidad de los huesos de un total de tres mil 717 personas de entre 34 y 37 años en el sur de la India, de acuerdo con declaraciones de uno de los autores del estudio, Octavio Ranzani, “un país que vive bajo una de las mayores contaminaciones ambientales del mundo”. El estudio concluye que el hueso, cuya densidad no para de aumentar –sus cavidades se multiplican o se acentúan–, al ser expuesto a las partículas PM2.5, pierde una cantidad importante de masa ósea.

Ojalá el estudio, que la doctora Claudia Sheinbaum puede consultar en la siguiente liga https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2758211, se convierta en una alarma, que no nos agarre con los dedos en la puerta, que se convierta en tema prioritario de una agenda que sólo recordamos cuando nos estamos ahogando. Tenemos el programa de contingencia, pero, ¿qué política de movilidad se está aplicando en este momento para caminar a un aire más limpio? No esperemos los incendios, no esperemos que suba 50 puntos más el indicador, no esperemos el calor de abril y mayo para recordar que esta ciudad nos está matando mucho más rápido de lo que pensamos, incluso hasta los huesos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.