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Escuchar a Magaloni

30/06/2020
Actualización 30/06/2020 - 7:49
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

Ahí va el Presidente otra vez. Uno de sus deportes favoritos, pegarle a periodistas desde la conferencia mañanera, a los empresarios o a la oposición. Lo que mande la orden del día, o más bien lo que pregunten los periodistas de la primera fila, esos que acabamos de descubrir este sexenio.

Dieciocho meses de enérgicos llamados de organizaciones protectoras de periodistas a no adjetivar ni descalificar a los medios, ni el trabajo de reporteros ni conductores. En fin, nada le ha importado, ni tampoco lo que se dice en las “benditas” redes sociales, siempre usa la misma excusa: “no me voy a quedar callado, yo también puedo decir lo que pienso”, y así serán los próximos cuatro años que quedan. Desde mi punto de vista no hay remedio, no va a cambiar y no habrá “enérgico llamado” que lo haga tener otra actitud. De este lado no nos cansaremos de contestar cuando dice que en México no hay periodismo de investigación, o de la presión por redes sociales de Sanjuana Martínez a varias periodistas mexicanas, o cuando ataca a cualquier colega por ser crítico de sus acciones; sin embargo, habrá que administrar el desgaste de esta discusión. Sí señalarlo, pero no dejar de ver los problemas medulares de este gobierno, los pendientes, las promesas no cumplidas.

Hace algunos días tuve la oportunidad de hablar con la doctora Ana Laura Magaloni, una de las mexicanas más lúcidas de este país, experta en temas de acceso a la justicia. Desde hace décadas ha estudiado la inmensa brecha que existe entre pobres y ricos, pero no sólo en lo material, sino en la incapacidad del Estado para igualar las condiciones de acceso a la justicia. Para ella, esta es (o era, ahora sabrán por qué) la llave de lo que ella llama “la verdadera igualdad”. En un artículo publicado el 20 de junio pasado en Reforma, es contundente: “El Presidente, para lograr dejar una sociedad más igualitaria, tendría que invertir recursos y desarrollar capacidades institucionales en las defensorías públicas, las fiscalías, los juzgados cívicos, los tribunales locales y todas las instituciones de gestión y pacificación de conflictos a ras de tierra (…) a pesar de las enormes brechas y diferencias económicas y sociales de la población, el acceso efectivo a la justicia haga que exista un mínimo común denominador en el ejercicio de derechos entre todos nosotros”. Ese era un cambio de paradigma en la justicia de este país, voltear a ver todas estas instituciones y mejorarlas, dotarlas de presupuesto y reformarlas para un mejor acceso a la justicia. Desde la perspectiva de la doctora Magaloni, ya no fue, así lo dice: “yo tenía la esperanza de que la 4T las iba a hacer (las instituciones), tuve la esperanza, y no, no las va a hacer”. No importa que sólo lleva 18 meses de gobierno, para la especialista en acceso a la justicia, no ha hecho ni da señales de hacer algo en la construcción de organizaciones para esta verdadera igualdad.

Aquí es donde las exigencias no alcanzan, donde el gobierno de López Obrador les ha fallado a tantos cuando les prometió “primero los pobres”. No es lo mismo asistencia social que acceso a la justicia. Es cierto que es importante cerrar la brecha económica, pero es más importante desterrar esa dolorosa verdad de que la justicia sólo existe en este país para la gente con dinero. Lo pudo haber hecho, tenía todo, incluyendo 30 millones de votos, para caminar en esta dirección y no lo hizo.

El Presidente gasta sus energías en descalificaciones que polarizan, una refinería que apuesta al retroceso y un encuentro con tintes electorales en Estados Unidos. La discusión debe estar aquí, en estos temas que tocan a todas las clases sociales y que significarían los cimientos de una verdadera cuarta transformación.

Soy de los que piensa que aún hay tiempo, que este tipo de batallas que exigen sobre todo voluntad política se deben dar en este momento. Le quedan cuatro años y parece un sueño pensar en este legado de justicia. Ojalá se preocupe menos por lo que dice Lord Molécula y más por escuchar a Magaloni.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.