El ruido de Trump
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El ruido de Trump

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El ruido de Trump

05/06/2019
Actualización 05/06/2019 - 12:35

Ha llegado el día. El enfrentamiento entre el gobierno de Trump y el de López Obrador. Momento de medir fuerzas. Toda la carne al asador. El día D. El momento en el que la delegación de mexicanos más capaces negociará con sus pares estadounidenses. Las horas que definirán el futuro de la economía de Norteamérica.

No estoy muy seguro que el párrafo anterior se apegue a lo que sucederá hoy en Washington, la única certeza que existe es que momentos como el que nos ha hecho pasar el presidente Trump los últimos días, al amenazar a través de un tuitazo una medida económica inaudita, como la imposición de aranceles ridículos, y prender TODOS los focos rojos en el gobierno de López Obrador, se repetirán en los próximos dos años hasta el cansancio. El gobierno mexicano debe estar consciente de que la relación con Trump y la posición de México no será la misma que los dos primeros años de su gobierno; a partir de ahora, nuestro país vuelve a importarle porque golpearlo le da votos, y porque su mirada sólo ve la palabra 'reelección'. El gobierno de López Obrador deberá comprar boletos a Washington por adelantado y Marcelo Ebrard deberá escoger las batallas que vienen, porque la crisis de los aranceles sólo es una muestra de la capacidad de cambiar la agenda que tiene en menos de 280 caracteres.

En Washington, desde donde escribo esta columna, todos los personajes con los que hablo: migrantes mexicanos, especialistas en temas bilaterales, académicos, políticos en retiro, periodistas con experiencia en la fuente diplomática, todos, dan por hecho que Donald Trump seguirá otros cuatro años en la Casa Blanca. Dicen que “tendría que pasar algo desastroso” para que esto no sucediera. La razón de su victoria en el bolsillo, dicen, es la maravillosa situación económica de Estados Unidos, varios me repiten las mismas frases: “la menor tasa de desempleo en 50 años”, “está cosechando políticas públicas exitosas de administraciones anteriores”, “su apuesta por la disminución de impuestos le ha gustado a todo el país”, en fin, algunos veían en el caso Mueller, ese desastre que lo tumbaría, pero hoy lo ven afianzado en la reelección.

Ayer, el canciller Marcelo Ebrard ha dicho a ojo de buen cubero –porque no sé de qué otra forma habrá llegado a esa cifra- que el equipo mexicano tiene “80 por ciento de posibilidades de obtener buenos resultados” después de la negociación de esta mañana en Washington. Minutos después ha llegado el revés de Trump al decir que él ve “probable” que empiece el arancel anunciado a partir del 10 de junio. Hoy mismo se sabrá, quién tenía razón, y si ese porcentaje se reduce a cero o Trump se sale con la suya ante la cara de incredulidad de todos.

El presidente estadounidense sabe que no es tema económico; hace menos de una semana, Canadá y México festejaban con la llegada a sus congresos la ratificación del T-MEC y su firma inminente, todo lo ha echado abajo Trump, porque puso en una misma bolsa y condicionó la economía y la situación migratoria (porque no es problema, es una condición social). Le queda a México demostrar con hechos que está trabajando en el tema, pero no lo puede hacer a través de un comunicado, o de una firma de un convenio que se pierda en el tiempo, tampoco a través de reuniones bilaterales, creo que es cuestión de estridencia –justo como lo hace el presidente estadounidense– como el gobierno mexicano deberá empezar una campaña en Estados Unidos, con muchísimo dinero detrás, de lo que hace por solucionar la cantidad de migrantes que quieren llegar a Estados Unidos. Una campaña que apague los tuits, que los haga ver ridículos. En algo coinciden todos los especialistas, la capacidad de comunicación de Trump, ¿cómo ganarle la conversación al presidente? Con actores internos hablando a favor de México, con campañas de publicidad masivas, con presión de empresarios estadounidenses y mexicanos, con una estrategia de comunicación más agresiva. Estoy seguro de que la razón la tiene el gobierno mexicano, pero poco importa la razón cuando los gritos trumpianos apagan la lógica, no es caer en su juego, es, al menos, subir el volumen al mismo nivel, poco servirá el silencio los próximos dos años, en los que Trump promete mucho ruido para México.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.