El gozo del presidente
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El gozo del presidente

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El gozo del presidente

15/01/2019
Actualización 15/01/2019 - 9:40

¿Qué gozan de su trabajo? Sí, ya sé que es una pregunta peculiar para empezar una columna, pero ahora comprenderán el cuestionamiento. No les pregunté ¿qué les gusta?, o ¿qué disfrutan? No, les pregunté ¿qué gozan? Subrayo esta palabra porque creo que es un adjetivo muy particular; gozar es “sentir placer o alegría a causa de algo”, según la definición más simple de la Real Academia Española. Así que el gozo aborda lo placentero, tal vez es la palabra que más sutilmente roce la sensación del placer sin llegar a ser tan explícito; sin embargo, en la escala de la felicidad, el gozo debe estar en uno de los niveles más elevados. Cuando lo juntamos con la palabra “trabajo” podría ser contradictorio, pero al menos algo sabemos después de 42 días en el cargo: el presidente goza su chamba, de eso nos enteramos la semana pasada en la entrevista que el Ejecutivo tuvo con cuatro periodistas de esta casa editorial en el programa de televisión La Silla Roja.

¿Cómo lo sabemos? El periodista y director de El Financiero, Enrique Quintana, le hizo una pregunta muy puntual al presidente: “Hay una percepción a propósito de que a usted no le gustan las críticas, algunos lo consideran intolerante: ‘al presidente López Obrador le molesta que haya críticas’, ¿qué responde a ello?”. Su respuesta exhibe gran parte de su personalidad, pero también en qué nivel pone a la prensa: “Yo soy demócrata, ofrezco disculpa por hablar de mí, pero no soy autoritario, respeto el derecho a disentir, incluso me siento muy bien con la polémica, lo que pasa es que no dejo pasar ciertas cosas, porque tampoco puedo estar contestando todo, entonces me gusta responder y me genera un poco de gozo decirle que mis adversarios son conservadores con apariencia de liberales; es un gozo, porque cómo se presentan como liberales, como gente de avanzada y no, son conservadores. ¿Por qué conservadores? Porque al final no quieren que haya cambios”.

Aunque todos sabíamos de su capacidad para comunicar, para acaparar la agenda nacional y para hacer suyos todos los golpes hacia cualquier decisión de este gobierno, no había dejado tan clara su afición a la “polémica”, lo bien que se siente cuando dice algo que sabe que encenderá a algunos cuántos y motivará a otros. Es ahí donde López Obrador encuentra su mejor estado, no en el consenso, no en la armonía de una voz, sino en la polémica de las decisiones. Se levanta cada mañana con el ansia de alguien que espera material para trabajar y sentirse bien. Respecto a los calificativos a la prensa, también llama la atención el “gozo” sobre la provocación: “Me gusta responder y me genera un poco de gozo decirle que mis adversarios son conservadores con apariencia de liberales, es un gozo”, lo repite un par de veces. Cuando la organización protectora de la libertad de expresión, Artículo 19, publica una carta pidiéndole al Presidente que evite los adjetivos, le está pidiendo que le quite lo placentero a su trabajo. En el foro de La silla roja, lo dice sonriendo mientras María Scherer, Leonardo Kourchenko, Antonio Navalón y Enrique Quintana dicen que “se le nota” el placer de calificar a sus adversarios.

Podría parecer un detalle menor en una semana de desabasto gasolinero, la aprobación de la Guardia Nacional en la puerta y la decisión de un fiscal general en el senado, pero vaya que este matiz nos ayuda a comprender declaraciones, decisiones, actitudes del presidente que apenas comienza.

¿Cómo comportarse como oposición ante un presidente que se siente cómodo en la polémica y que goza calificar a los contrarios? Es una buena pregunta para pensar en estrategias de comunicación futuras, y también para adoptar actitudes como medios. ¿Vale la pena caer en el juego de la provocación? Ahí donde espera estar los próximos seis años, habrá que elegir las batallas porque el Ejecutivo irá a todas… y con una sonrisa en el rostro.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.