El banderazo de AMLO anticorrupción
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El banderazo de AMLO anticorrupción

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El banderazo de AMLO anticorrupción

29/01/2019
Actualización 29/01/2019 - 11:29

No sé por qué parecería que hablar de corrupción es hablar en abstracto, de un mal ajeno, de un cáncer que puede desaparecer por decreto y que el perdón viene acompañado de un desconocimiento real de sus consecuencias. El actual presidente trabaja en Palacio Nacional en gran parte para convencer a millones de mexicanos que pueden ponerle casi cualquier adjetivo, excepto el de 'corrupto', él no tiene una casa blanca, ni siquiera un Jetta blanco, nada, López Obrador lleva al extremo el pecado de lo que significa ser un consumista en pleno siglo XXI, el presidente no tiene nada que le pertenezca. En su declaración 3de3 se confirma su condición de monje franciscano, todo lo material le es ajeno, no aspira a tener nada porque como gran parte de su vida ha vivido del erario no es capaz de caer en la tentación. Así que no conoce grises, él es de extremos, no soy corrupto porque nada me pertenece. Esa es su lógica y le ha funcionado al menos como candidato, ¿qué pasará como presidente?

Él ha hecho, al menos en el discurso en estos primeros 60 días, una política de 'borrón y cuenta nueva', así lo ha señalado en varias ocasiones. “Es un perdón, es un perdón, así, eso es lo que se está planteando, es decirle al pueblo de México: ‘punto final, que se acabe la historia trágica, horrenda, de corrupción, de impunidad, que se acabe la política antipopular, entreguista y que comencemos una etapa nueva, que ya inicie una nueva historia’ (…). Y que hacia adelante no haya perdón para ningún corrupto, que ya no se perdone a nadie y que se puede juzgar al presidente si es corrupto, a sus funcionarios, a sus familiares, y que se destierre la corrupción de México para siempre, ese es mi planteamiento”.

Pero dejemos de lado este planteamiento, no podemos seguir dejando en el imaginario a la 'corrupción'. Hay índices que nos ponen en una posición infame respecto al mundo. El cambio en estos indicadores son los que nos permitirán ir midiendo la efectividad de la lucha contra este mal, que nos cuesta miles de millones de pesos anuales, iniciada el 1 de diciembre pasado por el nuevo gobierno, así que ¿cómo está la corrupción a la llegada de AMLO? Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2018, publicado ayer y hecho por Transparencia Internacional, México cayó tres lugares más, ubicándose en la posición 138 de 180. Vamos de mal en peor: los 28 puntos que México obtuvo en el IPC lo colocan en el último lugar de entre los miembros de la OCDE; en la región, México se ubica en el piso, sólo por encima de Guatemala y Nicaragua; en la lista de países del G20 también ocupamos el último lugar. Nada nos sorprende.

Transparencia Mexicana le da una ruta al gobierno entrante, el diagnóstico es contundente: “El grueso de las medidas adoptadas por este país son de carácter preventivo, y muchas de ellas han resultado ineficaces. En contraste, un número limitado de las acciones anticorrupción en México conducen a la sanción, la recuperación de activos robados o la reparación del daño a las víctimas”. El propio Eduardo Bohórquez, director de la oficina en México de Transparencia Internacional, señala: “Las medidas preventivas tomadas hasta ahora pierden efectividad cuando quienes participan en las redes de corrupción saben bien que no serán sentenciados y que podrán mantener los recursos desviados del erario público”. La impunidad nos mantiene en el sótano.

Las recomendaciones hechas por esta organización a este gobierno, que ojalá adopte, pasan por la consolidación del Sistema Nacional Anticorrupción, haciendo los nombramientos necesarios; orientar la política anticorrupción hacia la sanción y la recuperación de activos, y desmantelar las redes anticorrupción que gozan de protección política.

Así toma la estafeta en materia de corrupción el nuevo presidente, ojalá sea nuestro fondo. La primera revisión será en enero de 2020, por lo pronto hay mucho trabajo por delante en materia de fortalecimiento de instituciones, no alcanzan sólo las intenciones de confiar en un pueblo bueno.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.