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Donde ellos están

03/05/2019
Actualización 03/05/2019 - 11:01
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

Sí, adonde sea que estén y de la forma en que ellos lo hacen.

Con ellos, me refiero a la generación digital cuyo tiempo en la vida real es equiparable al tiempo que llevan inmersos en su vida virtual, a los que hoy plasman e intercambian su día a día en las redes sociales, mismas que se han convertido en la fuente principal de su información y, en algunos casos, también de su aprendizaje y su cultura. A ellos hay que llegar si queremos traspasar un mensaje o legado histórico, incluso si queremos hacer el intento de responsabilizarlos política y socialmente.

El proyecto llamado Historias de Eva se muestra como un ejemplo a seguir en este sentido. Se trata de una iniciativa desarrollada por Mati Kochavi, magnate israelí del mundo digital, y es una idea sencilla y directa, ahí radica su genialidad.

Historias de Eva (@Eva.Stories) es un perfil de Instagram, en el que a través de las stories de la famosa aplicación seguimos a la pequeña Eva, una niña de 13 años húngara y judía, víctima del holocausto, durante los días previos a ser deportada a Auschwitz, donde murió en las cámaras de gas, en 1944. El relato es en primera persona y usando al máximo las posibilidades que permite la aplicación. Es decir, es un drama (extremo) contado por una niña tal como contamos hoy nuestras experiencias en redes: con emoticones, etiquetas, filtros, música y encuestas.

Para concebirlo, los Kochavi (Mati en colaboración con su hija Maya), no escatimaron en gastos e invirtieron un total de cuatro millones y medio de euros, involucrando a un equipo de 400 personas durante los tres meses de rodaje en Ucrania. La verdad es que el resultado es impactante. Las actuaciones y el arte transmiten la angustia y el horror, al tiempo que te transportan a la época, y el cuidado que han puesto en cada uno de los 70 miniepisodios, tanto en el guion como en explotar las posibilidades narrativas, es sorprendente.

El proyecto fue lanzado el miércoles 1 de mayo, coincidiendo con la conmemoración el Día del Recuerdo del exterminio judío, y acabó este jueves en la jornada de luto del Estado hebreo. La mayoría del mundo hebreo celebró la iniciativa y se sumó a la difusión del proyecto, incluso el propio primer ministro, Benjamín Netanyahu, escribió en su cuenta de Twitter: “Episodio a episodio, la gran tragedia de nuestro pueblo se expresa en su esencia a través de una chica, para que el mundo recuerde y comprenda”.

La aceptación ha sido mayúscula: aun antes de ver la luz el perfil ya contaba con más de 200 mil seguidores, hoy ya lleva más de 100 millones de visitas. Aunque quizás lo más interesante, fuera del aporte histórico, es el debate que ha generado, que va desde lo netamente estético y artístico, hasta los cuestionamientos éticos de familiares o de sectores más conservadores, que ven en el proyecto un espíritu lejano al debido respeto que se debe guardar por ese triste episodio de la historia mundial.

“Cada vez quedan menos supervivientes, es imperativo encontrar nuevos modelos para salvaguardar su testimonio”. Dijo Maya Kochavi. Y concuerdo plenamente, si hay nuevas formas de vivir y relacionarse, deben existir nuevas formas de recordar y conmover.

Los comentarios de los jóvenes vertidos en las publicaciones son en su mayoría positivos, a pesar de que algunos bromeen preguntando de qué marca es el celular de Eva, que le dura tanto la pila, o dónde lo recarga. Es innegable que la opinión se ha movilizado y ese era el propósito inicial.

De entre los miles de testimonios y diarios que han sobrevivido al paso del tiempo, los Kochavi eligieron la historia de Eva porque la pequeña soñaba con ser periodista y viajar reporteando por el mundo. Hoy, esta iniciativa cumple en la distancia ese sueño y lleva su testimonio al lugar donde los jóvenes (como ella) están y aunque sea por 70 minutos los invita a dialogar sobre los que ya no están.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.