Desde las ruinas
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Desde las ruinas

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Desde las ruinas

20/06/2019
Actualización 20/06/2019 - 12:05

Es difícil llevarle el paso al presidente. Ha dicho tanto en menos de un semestre de gobierno, que, si sigue así, al final del sexenio habrá hablado más ante la prensa que todos los presidentes estadounidenses juntos. Así de brutal es su exposición ante las cámaras. Así que, apelando a mi memoria, creo que fueron un par de adjetivos los que utilizó para describir a la oposición hace algunos meses: fue “ternuritas” y “ridículos”. Lo dijo cuando trascendió en distintos medios que se estaba formando un grupo con diversos actores políticos llamado 'Yo sí quiero contrapesos'. Los acabó con esa declaración, no se supo más del “colectivo”, varios se deslindaron y se diluyó a los pocos días. Sin embargo, retomo sus adjetivos. Sé que no debemos caer en la polarización y que no son los mejores acompañantes para la crítica, pero lo que sucedió ayer en el PRI es “ridículo” y cae en la “ternura”.

En un proceso de reconstrucción, después de un 2018 para el olvido, el tricolor presumía su proceso interno para un nuevo comienzo: “Hoy, el PRI acredita que es un partido lleno de energía, con visión de futuro y ánimo democrático”, decía en febrero pasado Claudia Ruiz Massieu… y pues no.

Ayer, tras una militancia de más de 46 años, José Narro, exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México y uno de los que había levantado la mano para dirigir al PRI en esta 'nueva etapa', informó su renuncia al partido.

¿Por qué? “Hoy hago pública mi decisión de renunciar a formar parte de la simulación en el proceso de elección de la nueva dirigencia de mi partido, pero también mi renuncia al PRI Oficial México, partido en el que milité por más de 46 años”, así lo tuiteó y, después, a través de un video en redes sociales, señaló: “Son groseros los indicios de intervención del gobierno federal en la misma dirección”.

Narro, con una declaración, desnudó al PRI que sólo él creyó que había cambiado. “El partido volvió a formas centralistas y autoritarias que se creían superadas”, otra vez… pues no. El PRI sigue fiel a sus principios y todo indica que el dedazo se impondrá en la elección del nuevo presidente.

Otra de las voces críticas en el Revolucionario Institucional es la exgobernadora Ivonne Ortega. A través de su Twitter dijo coincidir con la decisión y las razones de José Narro, pero señaló que no puede ganar la cúpula y no se va a rendir para recuperar el partido.

Por este tipo de grietas dentro de la oposición es que el presidente, dedicándoles treinta segundos en su mañanera y dos adjetivos contundentes, hace que se vuelvan a desmoronar. Nunca he votado por el PRI, pero sé que millones de mexicanos lo han hecho, que ven incluso en este partido una buena opción para las próximas elecciones (no sé si millones hoy en día, pero sí cientos de miles, en fin). Tienen una base fiel por la simple razón de estar en el poder por más de siete décadas, viven por su tradición política pero sufren su realidad partida y sin rumbo.

No se puede articular una oposición desde las ruinas, no fueron capaces ni siquiera de operar la unidad en una contienda interna en la que sinceramente no se ganaba nada. Esta columna no es grito desesperado ni mucho menos, es una confirmación de los dos adjetivos usados por el presidente. Con días como ayer, al menos el PRI se ve como eso, como un partido “ridículo” lleno de “ternuritas”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.