Del canto al psicólogo artificial
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Del canto al psicólogo artificial

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Del canto al psicólogo artificial

14/05/2020
Actualización 14/05/2020 - 10:02
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

En un lugar muy lejano de Palacio Nacional, donde viven el día a día, donde no saben el porcentaje de ocupación hospitalaria, sino el nombre de cada uno de los pacientes entubados y los que se agregan con el paso de las horas, donde ni siquiera les pasa por la mente que en poco más de 15 días empiece el descongelamiento de actividades comerciales y que los niños regresen a la escuela, ahí, en los hospitales Covid-19, las historias de miles de médicos empiezan a inundar la prensa nacional y cada una nos cura de una manera distinta.

Ayer me topé con dos que trataban de aliviar el mismo dolor, el estrés de un paciente internado. Además de los terribles síntomas, que nos han descrito los especialistas que sufre un porcentaje de contagiados de Covid-19, el estar en un hospital agrega las variables de la ansiedad y la depresión. La vigilancia de la salud mental se ha convertido en algo que casi no se ha socializado, pero que enfrentan miles de médicos en los hospitales con los pacientes que llegan, permanecen y –muchos– mueren por esta pandemia. La reportera de Reforma, Dulce Soto, nos ha regalado un par de historias; una reconforta el alma y otra parece el preámbulo de un capítulo de Black Mirror. Ambas tienen que ver con la manera en la que en estos tiempos difíciles se trata de sanar la mente y el corazón de los infectados.

La primera es la forma en la que, con minirrobots, especialistas en neuropsicología atienden a pacientes aislados en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, del ISSSTE. Dos robots, 'Robotina Covidia' y 'Davinchito Robotinio', permiten la revisión de la salud mental de los pacientes que no pueden ni siquiera recibir a sus familiares. “El paciente nos escucha a través de los robots y nosotros lo vemos y escuchamos. A quienes tienen Covid-19 y no pueden hablar les facilitamos un pintarrón para que escriban sus respuestas, cuya imagen es transmitida a nosotros por el mismo robot”, comenta Lucía Ledesma Torres, coordinadora de este programa piloto. Sí es impersonal, sí es algo novedoso, pero imagino la emoción del paciente al ver que, por fin, después de horas de ver las mismas caras de médicos angustiados, ha llegado el contacto exterior en forma de robot que le pregunta qué es lo que siente.

La segunda historia que nos cuenta Dulce Soto es de la enfermera Estela García Méndez, quien trabaja en el Hospital General Regional No.110 del IMSS, de Jalisco. Ahí no tienen robots, sudan por los insumos médicos que van al día y poco a poco llegan más contagiados. Ahí los internados bajo el estrés, la depresión y la ansiedad de saberse infectados por una enfermedad que podría ser mortal, escuchan el canto de la enfermera para relajarse. Estela afirma que tras la sesión de canto de todas las tardes las personas han logrado reducir sus miedos: “Me siento muy feliz de poder cantarles, por medio de mi voz transmitirles lo que yo siento. Trato de hacerlo espiritualmente, siempre respetando (sus creencias). Les pido permiso y, por lo general, lo que canto es una alabanza”, se publica en la crónica.

Del canto de una enfermera a robots sicólogos para los aislados, así también se combate el virus. A veces nos llenamos de porcentajes, teorías de la conspiración y declaraciones presidenciales sin fundamento, todas lejos de lo que sucede en la primera línea de ataque al virus. También estos esfuerzos deben conocerse, estas historias de médic@s y enfermer@s que dan el extra, que aportan creatividad y que sanan el alma a su manera.

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