Conflicto de interés
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Conflicto de interés

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Conflicto de interés

12/02/2019
Actualización 12/02/2019 - 9:49

¿Cuántas veces han escuchado desde el 1 de julio –ya no digamos desde campaña–, que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha prometido que ya la corrupción en México se terminó? Lo sé… también yo perdí la cuenta ya. Con 74 días en el poder y las muchas promesas y planes que ha emprendido, ¿qué tanto ha cumplido el principal objetivo de su gobierno?

En el discurso, el presidente que ha sabido dominar la agenda pública y tiene a todos reaccionando a sus declaraciones, se ha cansado de repetir que sólo por haber llegado a Palacio Nacional la corrupción se terminó, ‘que no son como los de antes’, que el periodo neoliberal se terminó y que el buen ejemplo basta para sacudirnos uno de los mayores males del país.

Andrés Manuel, news: el conflicto de interés también es corrupción.

Y si algo ha estado constantemente en cuestionamiento con la 4ta transformación son los roces nada delicados que ha habido entre todos aquellos cercanos a él, que se han visto favorecidos con nombramientos, o la simulación de una postulación que debe ser avalada por un Congreso más pintado de Morena que la propia familia presidencial.

Acá dos ejemplos de cómo la necedad de disfrazar de buena voluntad la imposición de personajes, que independientemente de su probada eficiencia o no, han manchado el inicio de un sexenio que promete dejar la corrupción atrás.

1. Yasmín Esquivel y su nominación como próxima ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Desde que se dio a conocer la segunda terna para reemplazar a uno de los 11 miembros del Máximo Tribunal de Justicia, se cuestionó que una de las tres candidatas fuera precisamente la esposa de José María Riobóo, un constructor que lleva 18 años de cercanía con López Obrador. En defensa el argumento era: ‘ella tiene mucha experiencia como presidenta del Tribunal Contencioso’; ‘es machista quien la juzga por la persona con quien está casada’; ‘tiene méritos propios’.

Pero no se trata de juzgarla por estar casada con el constructor al que se le otorgaron millones de pesos en contratos por el segundo piso cuando Andrés Manuel gobernaba la CDMX, aunque eso ya dice mucho, sino por la forma en que desde los puestos que hoy tanto presume como respaldo para llegar a la SCJN, ha favorecido intereses personales.

Baste pues preguntarle a los vecinos que, en 2011, se enfrentaron a la imposición de la construcción de la Supervía Poniente, en la que Riobóo participó, y que interpusieron una demanda para frenar la construcción, por no haber realizado una consulta pública previa a la construcción de la autopista, como lo marcaba la Ley del Medio Ambiente del Distrito Federal.

Una vez como cabeza del Tribunal Contencioso Administrativo local, Yasmín Esquivel detuvo un juicio de nulidad para esta construcción y desechó varias quejas sobre la obra, beneficiando directamente a su cónyuge. Eso no es machismo, es conflicto de interés.

2. La FEPADE en manos de José Agustín Ortiz Pinchetti.

Apenas hace unos días, el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, quien en papel goza de autonomía pero en los hechos es un cercano de la 4ta transformación, nombró como titular de la Fiscalía Especializada en la Atención de Delitos Electorales a José Agustín Ortiz Pinchetti.

Este veterano político se encargará de perseguir los delitos relacionados con los comicios electorales, como, por ejemplo, la compra de voto que ha sido señalado por el presidente como uno de los tres delitos que serán catalogados como graves y que, dado el historial de ‘fraude electoral’ que AMLO carga encima, se volverá una pieza clave en la definición política de las elecciones locales del sexenio. Sin ir más lejos… ¿cómo habría beneficiado a Morena haber tenido a Ortiz Pinchetti de su lado en las pasadas elecciones de Puebla? El 2 de junio, Miguel Barbosa podría volver a contender por la gubernatura de Puebla, sabiendo que este fiscal le pinta otro panorama y que podría convertirse en el sexto gobernador emanado de la 4ta transformación. Ser juez y parte no es asegurar juego limpio, es conflicto de interés.

Son dos ejemplos, porque esta página en papel es finita, pero sólo hablar, por dar un caso más, de lo que implica que Banco Azteca maneje las millones de tarjetas de los programas sociales, nos daría para otro texto.

Así que alguien avísele al presidente que si va a empezar a barrer de arriba hacia abajo, lo primero que debe entender es que el conflicto de interés también es corrupción.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.