Christian Alfonso Rodríguez
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Christian Alfonso Rodríguez

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Christian Alfonso Rodríguez

08/07/2020
Actualización 08/07/2020 - 12:59
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

Es rara la presencia de justicia en este país. Se siente ajeno hablar de una luz al final del túnel en el caso Ayotzinapa, son tantos años, tantas marchas, tantas entrevistas, tanta tierra, tanta búsqueda, tantas mentiras, que hablar de una 'verdad verdadera' es, por lo menos, extraño. Ayer se dibujó la esperanza, la certeza de encontrar a los 43 estudiantes desaparecidos como hace años no se tenía. Los restos de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, uno de los estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero, la noche del 26 de septiembre de hace seis años, fueron PLENAMENTE identificados por la Universidad de Innsbruck y por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), así lo anunció ayer el jefe de la Unidad para el Caso Ayotzinapa de la Fiscalía General de la República, Omar Gómez. La relevancia fundamental del hallazgo es el lugar donde encontraron uno de los restos del joven estudiante, el cual no corresponde a lo señalado por la antigua Procuraduría General de la República en su famosa 'verdad histórica', la cual informaba que todos los alumnos habían sido asesinados e incinerados en el basurero de Cocula. Los restos de Christian Alfonso Rodríguez fueron encontrados en un paraje conocido como Barranca de la Carnicería, en el Ejido de Cocula. “Este lugar no es el basurero de Cocula, ya que la barranca se encuentra a más de 800 metros de distancia de donde se crea la narrativa de la verdad histórica”, dijo el funcionario en un mensaje ayer a mediodía. Se esfuma la verdad de Murillo Karam, la de Enrique Peña Nieto, la que nunca creyeron los familiares de los estudiantes. Llega a escena la del gobierno de López Obrador, el compromiso de encontrarlos a todos.

Uno de los ejercicios periodísticos más valiosos de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa fue el hecho por el colectivo de reporteros Marchando con Letras, los cuales se dieron a la tarea de contar la historia de cada uno de los desaparecidos, conocer su cuarto, su casa, sus pasiones, sus testigos diarios. El resultado de esta caza de historias es un libro imperdible titulado La travesía de las tortugas. En los medios no nos cansamos de decir 'los 43', pero lo que hace este ejercicio es contarnos a dónde regresarían cada uno de los estudiantes. La periodista Patricia Sotelo Vilchis escribió la historia de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, “el bailarín de los botines blancos”. Hoy sus padres y familiares con inmenso dolor tienen la certeza que no regresará, pero también saben que tienen algo de él que abona paz y resignación, la verdad de su paradero y ahora la búsqueda de justicia para encontrar a los responsables que lo asesinaron. Sotelo Vilchis nos regala las pasiones de Christian, nos lleva de la mano con su pareja de baile, su abono de 200 pesos a una guayabera que no alcanzó a ponerse y la última canción que bailó con sus compañeros. El ejercicio de estos periodistas es el que tenemos que hacer cada vez que encontremos a un desaparecido. Aquí está su cara y la razón por la que vivía. “En el salón de danza folclórica de la Casa de la Cultura de Tixtla se extraña el golpe del tacón de los botines blancos de Christian sobre el piso de madera. Él bailaba en el grupo de danza folclórica Xochiquetzal que dirige el profesor Alejandro Salinas. Sus compañeros de baile lo recuerdan cuando llegaba a los ensayos los martes y jueves en la tarde comiendo un elote y con su mochila beige de asa larga cruzada al pecho. Ahí cargaba sus botines de baile, y en las bolsas del pantalón, sus dulces Ricolino para el final de la sesión (…) En el salón de danza no sólo sus compañeros del ballet esperan a Christian. También están ahí sus botines blancos guardados en la mochila beige de asa larga. Lucen desgastados por el uso y se aprecian las plastas de tinta blanca que una y otra vez tuvo que poner para conservarlos presentables.

Están ahí pese al intento de sus compañeros de que estuvieran en su casa. Su madre no quiso llevárselos porque tiene la esperanza de que su hijo regrese y vaya a recogerlos por su cuenta”.

Gracias a Patricia por esta ventana de la vida de Christian. Queda el camino de encontrar a los responsables; sin embargo, después de mucho tiempo parece que la verdad se impone en la herida más abierta de la historia moderna de este país.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.