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01/04/2019
Actualización 01/04/2019 - 13:04

¿Qué siente cuando ve un retén militar en media carretera? De verdad, respóndaselo. ¿Cuándo fue la última vez que un grupo de militares examinó el auto en el que iba y le preguntaron de dónde venía, a dónde va y a qué se dedicaba? Bueno, cuando los vio a 500 metros, cuando los tuvo frente a usted y cuando le pidieron que bajara del auto, ¿qué fue lo que sintió? Insisto, trate de responderlo, le doy dos líneas en blanco.

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Ahora imagine que esos momentos, 5, 10, 15 minutos en los que usted estuvo frente a los militares es un limbo en el cuál todo se permite, en el que la ley no existe, en el que nada de lo que se haga o se diga quede registrado. Imaginemos que un movimiento en falso de usted, un movimiento mal interpretado y un militar nervioso lo llevan a una tragedia. Hoy, de ese instante no se tiene registro, sí es ATERRADOR. La Secretaría de la Defensa Nacional ha dicho que NO CUENTA CON INFORMACIÓN PORQUE NO LE CORRESPONDE ELABORAR DICHOS INFORMES.

Con una Guardia Nacional en puerta, con 50 mil elementos del Ejército desplegados desde hace una década por todo el país, con la militarización como política de seguridad por los próximos seis años, es absolutamente preocupante esta opacidad de la Sedena, este desprecio por la rendición de cuentas.

Artículo 19 y Política de Drogas del Centro de Investigación y Docencias Económicas publicaron hace unos días un comunicado exigiendo que la Secretaría de la Defensa Nacional respondiera a tres solicitudes de información: “los solicitantes pedían a la institución transparentar: (1) número de civiles muertos, heridos o detenidos en enfrentamientos en los que ha participado el Ejército, desde abril de 2014 a la actualidad; (2) número de policías muertos, heridos y detenidos en enfrentamientos en los que ha participado el Ejército; (3) informes policiales homologados o informes de uso de la fuerza elaborados por militares de su participación en enfrentamientos”.

Las autoridades militares no sólo han negado la información, sino que han dicho que es INEXISTENTE, también han señalado que no le corresponde generar la estadística requerida, que no genera datos para “la entera satisfacción” de quienes piden información, que no lleva registro de lo solicitado porque eso le toca a otra institución.

El académico Javier Treviño Rangel, en un lúcido texto publicado el 28 de marzo pasado en Nexos, titulado 'El Ejército y su guerra: rendición de cuentas y cuentos', deja sin argumentos a la Sedena: “La SEDENA no sólo transgrede las leyes de transparencia, sino las que enmarcan sus funciones. Por ejemplo, la Directiva que regula el uso legítimo de la fuerza por parte del personal del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, en cumplimiento del ejercicio de sus funciones en apoyo a las Autoridades Civiles, y en aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos establece que cuando el personal militar haga uso de la fuerza ‘elaborará un informe detallado a la autoridad militar que corresponda, señalando el tiempo y lugar de los hechos y circunstancias’. El Manual de Uso de la Fuerza, de Aplicación Común a las Tres Fuerzas Armadas, estipula que después de una agresión en la que resulten personas heridas o muertas se elaborará un ‘informe detallado del evento donde se efectuó uso de la fuerza’”. ¿Entonces?

Es urgente poner el tema en la primera fila de la agenda nacional, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no puede desplegar una fuerza operativamente militar con la opacidad con la que descaradamente trabajan hoy en día.

Si a usted le sigue pareciendo que NO es aterrador vivir así en este país, lea el trabajo, merecedor del premio Javier Valdez de periodismo, 'Cadena de mando', de los reporteros Daniela Rea, Pablo Ferri y Mónica González. Su introducción es brutal: “Entre 2006 y 2014, militares del Ejército mexicano se enfrentaron a civiles en 3,520 ocasiones. Miles murieron, sobre todo de aquellos que no iban de uniforme: 19 personas perdieron la vida por cada militar caído”. Después de 2014 NO EXISTEN DATOS. ¿Cómo mediremos la efectividad de la estrategia? ¿Cómo sabremos que no están matando más civiles inocentes que delincuentes? ¿Cómo se atreverá a salir el presidente cada mañana a darle la cara a este país si tiene a militares imposibles de auditar en las calles? Aún no lo sabemos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.