¿Por la inteligencia artificial tu trabajo tiene fecha de caducidad?
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¿Por la inteligencia artificial tu trabajo tiene fecha de caducidad?

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¿Por la inteligencia artificial tu trabajo tiene fecha de caducidad?

11/05/2018

Mucho revuelo causó el dato que recientemente difundió el instituto McKinsey Global: 20 por ciento del empleo de la población activa, a nivel mundial, será sustituida por robots dentro de 12 años.

Me preguntaban si creo que eso es cierto. Respondo que considero que se quedan cortos.

El estudio de McKinsey también anota que el empleo más fácil de automatizar es el que es repetitivo y con pocos componentes creativos, el que menos valor agregado aporta. Eso será más fácil de automatizar, en tanto que el trabajo que requiere de soluciones creativas será más difícil —o más caro— de sustituir.

Es cierto que la automatización existe desde hace más de dos décadas. La diferencia es que la robótica integró los algoritmos de la Inteligencia Artificial (IA), y ahora se emplea para mejorar y eficientar los procesos, de tal manera que ya causa disrupciones en los campos en los que intervienen. Las máquinas ya no solo realizan la tarea repetitiva, sino que aprenden en el proceso.

Por ejemplo, los algoritmos que analizan y emiten reportes sobre la cotización del dólar y sus variantes a lo largo del día. Eso que antes requería el trabajo humano para hacer los cálculos, hoy se ha dejado a la IA que no solamente sabe sacar las cifras, sino que puede detectar en qué momento es conveniente emitirlas, ya porque hubo una variación o bien porque el mercado empieza a demandarlo. En una palabra, la tecnología se “adapta” a las circunstancias.

La IA puede, entonces, formar parte de algunos procesos de la mejora continua de una empresa, aunque es más complicado que se integre a los que requieren asociar varios conceptos cognitivos. Es aquí donde, justamente, hay que tener precaución con la Inteligencia Artificial. ¿Cómo? Al evitar darle un sentido de supervivencia autónoma. Porque cuando hay dos o más especies inteligentes capaces de adaptar su entorno para mejorar su probabilidad de supervivencia solo hay dos salidas viables: el sometimiento o la extinción, en las que la especie perdedora será siempre la más débil. Esos seremos nosotros al final del día.

Si una máquina está programada para sobrevivir, quién nos dice que no competirá con los humanos por el trabajo… entre otros factores. Echen la culpa de esto al ejército y sus robots tácticos.

Por lo pronto, la iniciativa privada (IP), en búsqueda permanente de la máxima efectividad y eficiencia, de ganar más con menos recursos —en otras palabras, bajo la lógica de mercado— es quien integra la robótica y la IA a las líneas de producción, prometiendo transformar radicalmente el campo laboral de la humanidad.

Incluso ya se habla de gravar la actividad de esas máquinas para crear una renta universal para quienes no puedan adaptarse al nuevo entorno económico. No obstante, esto se reflejaría en una pérdida de competitividad e innovación tecnológica.

¿Qué hacer, entonces? Lo primero es poner un límite al grado en el que se pretende eficiencia y efectividad a través de la IA. Luego buscar la capacitación de la fuerza laboral, que ahora deberá asumir competencias para afrontar los nuevos desafíos, ampliar su capacidad de resolver problemas y, lo más importante, lo que nos distingue de la IA: fomentar su capacidad de adaptación. Que no es en vano que Elon Musk hoy estudie alternativas para volvernos una especie multiplanetaria.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.