Javier Murillo

La silenciosa amenaza de la desinformación digital

El 68% de la audiencia considera que el contenido en medios tradicionales divide a la audiencia, comparado con el 78% atribuido a las redes sociales.

La inteligencia artificial (IA) generativa, como ChatGPT, ha comenzado a desempeñar un papel crucial, no solo en nuestras vidas cotidianas, sino también en el campo de batalla digital de la información. A medida que nos acercamos a las elecciones de 2024, con récords de participación esperados en más de 50 países y más de 2 mil millones de personas participando, la desinformación se perfila como una amenaza creciente, potencialmente capaz de socavar los cimientos mismos de la democracia.

En el corazón de este dilema no está solamente la capacidad de generar noticias falsas a un ritmo sin precedentes, sino también la distribución de contenido falso, de odio y violento a través de plataformas de redes sociales prominentes como Meta y X (anteriormente Twitter). Estas plataformas, que una vez se comprometieron a promover la integridad de las elecciones, ahora han retrocedido, disminuyendo sus equipos y esfuerzos en un momento donde más necesarios son.

Donald Trump, probable candidato republicano para 2024, ya ha comenzado a intensificar esfuerzos para socavar la legitimidad de las elecciones, continuando una narrativa peligrosa que ha fomentado desde la controversia electoral de 2020. En este ambiente ya volátil, las tácticas de desinformación no solo están diseñadas para manipular a los votantes sobre cuestiones políticas específicas, sino también para erosionar la confianza general en el proceso electoral.

En el caso de México, los continuos ataques antisistémicos al gobierno, a través de los llamados hashtags, que son etiquetas que se posicionan en las tendencias más relevantes, han logrado subir y mantener artificialmente en la conversación de la red social X, más de 60 tendencias para socavar la confianza en el gobierno actual. A pesar de los esfuerzos de desinformación, en mediciones que hemos realizado en Metrics, podemos asegurar que el tema no ha permeado en la opinión pública y se mantiene en el terreno de los bots y los trolls profesionales.

Según una encuesta realizada por la NYU (Stern Center), los votantes reciben el 33.8 por ciento de la información proveniente de redes sociales, si le sumamos el 19.6 por ciento que proviene de portales y podcasts, resulta que alrededor del 50 por ciento proviene de fuentes digitales. De dichos usuarios, solo el 32.8 por ciento verifica la información frecuentemente, en contraste con el 42.4 por ciento que no la verifica nunca, pero cuando se les pregunta qué tan seguros están de su criterio para no ser engañados con noticias falsas, el 87.7 por ciento asegura estar seguro o muy seguro de que a ellos no los pueden engañar.

Ahora, en lo que se refiere a la división o la llamada polarización de los votantes usuarios de redes sociales, datos provenientes del mismo estudio indican que el 68 por ciento de la audiencia considera que el contenido en medios tradicionales divide a la audiencia, comparado con el 78 por ciento atribuido a las redes sociales.

Bajo la dirección de Elon Musk, X ha visto reducir drásticamente su equipo de integridad electoral, eliminando una infraestructura crítica para la moderación de contenido en un período donde la veracidad de la información es crucial. Esto, cuando está probado que en este punto de la tecnología solo un humano calificado puede identificar a ciencia cierta cuando se instrumenta una campaña de desinformación artificial y que solo las personas son capaces de actuar en consecuencia.

Frente a este sombrío panorama, es imperativo adoptar medidas correctivas robustas. Las recomendaciones a las empresas tecnológicas y los gobiernos incluyen el aumento de la moderación humana del contenido, la financiación de verificadores de hechos externos, y ajustes en el diseño y políticas de las plataformas para contener la propagación de desinformación. Además, reforzar la transparencia y aumentar las protecciones legales para los trabajadores electorales son pasos esenciales para proteger la integridad de nuestras futuras elecciones.

Es claro que las elecciones de 2024 alrededor del mundo no sólo decidirán líderes, sino que también serán un referéndum sobre la capacidad de la democracia para resistir la marea creciente de la desinformación. ¿Estaremos a la altura de este desafío?

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