Javier Murillo

Ciencia de datos en el sistema legal

Más de 56 por ciento de los abogados en todo el mundo ya están usando ciencia de datos, inteligencia artificial o algún tipo de tecnología enfocada al ámbito legal.

Explicado de forma simple, un algoritmo es un conjunto de instrucciones que se aplican en la solución de un problema o la ejecución de una tarea. Para que un algoritmo funcione en forma correcta, se tiene que descomponer en variables medibles, que se ponderan para obtener resultados predecibles cada vez que se aplica.

Antes de trabajar en ciencia de datos e inteligencia artificial, era un estudioso de la etimología y la estructura gramatical. Durante años me obsesionó la idea de que el lenguaje era matemático, que detrás de cada una de las oraciones que usamos para comunicarnos, existían una serie de patrones que construidos y usados correctamente aumentan la eficiencia y efectividad de la comunicación.

Entre las formas más estructuradas de algoritmos de lenguaje que usamos como civilización, se encuentran las leyes. Se supone que la ley no debe estar sujeta a interpretación, aunque no siempre sea así, ese es el espíritu de los artículos que componen los códigos que nos rigen, expresar de la forma más clara posible, sin dejar a dudas los derechos y obligaciones de los ciudadanos y sus relaciones.

La tendencia de este aspecto de la civilización, como en otros muchos casos, también va en el sentido de la automatización. Al ritmo que vamos, un día no habrá ningún tipo de interpretación, ya que estaremos sometidos a un tipo de ley algorítmica, en la que habrá máquinas que harán gran parte del trabajo de los abogados y jueces, incluso al grado que al presionar un botón, podrán dictar una sentencia.

Es un hecho que ya vamos en ese camino. Para muestra, la digitalización que se ha dado en los últimos 25 años de toda suerte de documentos legales en el planeta. Hoy podemos encontrar en forma pública no solamente leyes, sino sentencias, casos completos y lo mejor es que toda esa información bien puede entrenar una inteligencia artificial. Para llegar aquí, tenemos que comenzar por algún lugar: los despachos de abogados.

Un estudio realizado por McKinsey presenta que alrededor de 23 por ciento del trabajo realizado por los bufetes legales es susceptible de digitalización. Esto no quiere decir que un abogado puede representarnos en un caso, ya que en el mismo estudio se descubrió que, con la tecnología existente, solo 2 por ciento de la carga de trabajo diaria ha sido reemplazada por aplicaciones tecnológicas. Lo importante aquí es la tendencia, como lo dije antes.

Estos despachos tienen el reto inmediato de integrar software a sus procesos lo antes posible para separarse o alcanzar a su competencia. Más de 56 por ciento de los abogados en todo el mundo ya están usando ciencia de datos, inteligencia artificial o algún tipo de tecnología enfocada al ámbito legal, lo que les está permitiendo enfocarse en lo más importante para esos despachos: sus clientes.

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