Javier Murillo

Viviendo en el mundo de Blade Runner

Parece que nuestro destino final será vivir dentro de algún tipo de realidad virtual o aumentada digital. No olvides ponerte tus lentes.

Hay muchos ejemplos de cómo la literatura, la televisión y el cine de ciencia ficción predicen escenarios sociales, económicos, culturales o tecnológicos antes de que sucedan. No necesariamente han sido acertados en el cómo ni en el cuándo, sino que han tenido más éxito en el qué.

Desde las naves espaciales de Julio Verne, el helicóptero de Leonardo Davinci, la hiperconectividad de Tesla, hasta el mundo futurista de los Supersónicos, como algunos ejemplos, el arte nos ha rodeado de perspectivas del futuro.

En general, el sentido común nos dice que los autores de ciencia ficción conectan sus conocimientos científicos y tecnológicos con la naturaleza humana, trazan una línea hacia el futuro y eso es lo que nos presentan en sus obras.

Pero qué pasa si no es así, qué pasa si lo que en realidad sucede es que ellos deciden el futuro con su designio y los científicos e ingenieros de cada época solo siguen sus apegos a estos vaticinios y desarrollan la tecnología con base en su ciencia ficción. La cuestión es, si los avances técnicos evolucionan desde la ciencia o se preconciben desde el arte.

¿Hubiera sido realidad el metaverso si Mark Zuckerberg no hubiera visto The Matrix de niño?

Si esta hipótesis hace sentido, entonces el mundo futuro al que yo apostaría es el que presupone Keiichi Matsuda, un diseñador y cineasta que examina las implicaciones de las tecnologías emergentes para la percepción humana y el medioambiente construido, llamado Hyper-realidad. Eche un vistazo al video y vea el mundo de realidad aumentada que propone Keiichi, es como si un videojuego se hubiera conectado con la realidad y todo en esa vida fuera como un juego de Pokémon GO con esteroides.

En el pasado ya habíamos visto algunas aplicaciones de la realidad aumentada, pero nunca en este tono y con este hiperrealismo. Hasta el momento se conocían solamente algunas aplicaciones de realidad aumentada, en activaciones de marcas de consumo y otras en montajes de museos; pero eran bastante ‘vainilla’, comparadas con la realidad que nos presenta Matsuda, que en lo personal me recordó más a la escena de Blade Runner donde se ven las calles eclécticas de Los Ángeles, California, llenas de materiales publicitarios y otros elementos igualmente invasivos.

Podrá gustarnos o no el mundo que nos pintan, lo que no podemos negar es que, ya sea la versión de realidad virtual del Metaverso feliz de Zuckerberg o la versión de realidad aumentada del Hiperrealismo de Matsuda; o ya sea que creemos el futuro con base en decisiones científicas o con base en las preconcepciones de autores destacados de ciencia ficción, parece que nuestro destino final será vivir dentro de algún tipo de realidad virtual o aumentada digital, no olvide ponerse sus lentes.

COLUMNAS ANTERIORES

Acuerdo mundial sobre ética de la inteligencia artificial
1 millón 260 mil personas

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.