Sobre la Guardia Nacional
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Sobre la Guardia Nacional

09/07/2019
Actualización 09/07/2019 - 14:42

1. No es lo mismo formar una Guardia Nacional civil, incorporando contingentes que provienen del Ejército, como ocurrió con la Policía Federal, bajo Zedillo, que otorgarle el mando a los militares y organizar la nueva corporación como un destacamento más de las Fuerzas Armadas.

2. El conflicto con los policías federales está agudizando ese perfil y tendencia, porque es previsible que una gran cantidad de ellos optará por el retiro y otros tantos serán rechazados por no pasar el examen para integrarse a la Guardia Nacional.

3. AMLO ha sido particularmente claro en esto: si pudiera, declaró a La Jornada, desaparecería a las Fuerzas Armadas y las convertiría en Guardia Nacional. Si no lo hace es porque enfrenta muchas resistencias, entre las que seguramente están los mandos del Ejército y la Marina.

4. Pero más allá de eso, hay una clara intención de entregar el mando de la Guardia Nacional a los militares, en particular al Ejército. Alfonso Durazo lo sintetizó en una frase: “Díganme el nombre de un civil que tenga el reconocimiento y la capacidad para dirigir 50 mil militares”.

5. Así que la militarización va. El problema está en que el último reducto del Estado para preservar la seguridad interna son las Fuerzas Armadas. Por lo que ponerlas al frente tiene ventajas, pero también enormes riesgos.

6. Las ventajas son claras: la Policía Federal, las estatales y municipales son incapaces de enfrentar el poder de fuego y el dominio territorial que ha ganado el crimen organizado. Apostar por su fortalecimiento y profesionalización exige enormes recursos y mucho tiempo. Pero eso es lo que no hay: la casa arde y urge controlar el fuego.

7. El riesgo está en que poner las Fuerzas Armadas al frente equivale a echar toda la carne al asador. Si la estrategia funciona, habrá que felicitarse, pero si fracasa, no habrá recursos ni posibilidades para poner en operación un plan B. En otras palabras, equivale a quemar las naves.

8. Petición de principio. El poder de fuego y corrupción de los cárteles es enorme. El caso del general Gutiérrez Rebollo muestra que nadie está fuera de su alcance.

9. Añado algo evidente: cuando se ha detectado que las policías estatales y municipales han sido corrompidas y se encuentran al servicio de algún cártel, el gobierno federal ha intervenido para desarmar y neutralizar dichas corporaciones mediante el despliegue del Ejército y la Marina.

10. Pero si la Guardia Nacional no adquiere una verdadera autonomía, y queda sometida en los hechos al Ejército, en el futuro los embates corruptores de los cárteles se dirigirán a los altos mandos castrenses. Más aún, cuando el presidente de la República ha declarado, una y otra vez, que el objetivo principal no es combatir a los cárteles y se está registrando un fuerte descenso en los decomisos de estupefacientes.

11. Lo que ocurre en Venezuela es un caso extremo. Se ha forjado un narco Estado. Semejante desenlace no está en el horizonte de México, pero más vale preservar la distancia entre las corporaciones de seguridad interna y las Fuerzas Armadas para evitar riesgos.

12. Hay más. El espíritu de cuerpo de las Fuerzas Armadas está diseñado para enfrentar al enemigo, sea dentro o fuera del país. Nada tiene que ver con el sometimiento de criminales, el respeto de los derechos humanos y la protección de los ciudadanos.

13. De allí la enorme dificultad de transformar la disciplina y el espíritu de cuerpo de una corporación militar en una policíaca.

14. Por lo demás, el razonamiento de AMLO sobre la desaparición de las Fuerzas Armadas no es del todo descabellado: México es demasiado débil al norte para enfrentar al enemigo, y demasiado fuerte al sur para temer una invasión.

15. Sin embargo, no se puede soslayar que el Ejército surgió de la Revolución Mexicana y la lucha de facciones. De manera tal que la institucionalización, y el fin de los levantamientos, pasó por Fuerzas Armadas capaces de someter a los insurrectos, obedecer al poder civil y mantenerse en los cuarteles.

16. El mando de la Guardia Nacional debe situarse, pues, al margen del Ejército para preservar el último cortafuegos del Estado. No hay que quemar las naves anticipadamente ni poner todos los huevos en una sola canasta. Amén que la estrategia para profesionalizar las policías estatales y municipales brilla por su ausencia.

17. Está claro que AMLO no comparte esas preocupaciones. Pero la realidad sigue allí: los riesgos son enormes y el horno no está para bollos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.