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Guardia Nacional

20/11/2018
Actualización 20/11/2018 - 9:48

El problema esencial de la política es el aquí y ahora. Opciones limitadas e impostergables la enmarcan. Por eso no se elige entre el bien y el mal, sino entre el mal mayor y el menor. Los recursos son siempre escasos, las consecuencias pueden ser indeseadas y el margen de error jamás será reducido a cero.

En la propuesta de seguridad de AMLO hay polvo o rollo, como se quiera. Se alude a la familia, la pobreza, el desarrollo económico, los valores, amnistía, etcétera. Todos esos elementos son parte del contexto y son relevantes en el largo plazo, pero poco o nada inciden en el combate a la delincuencia y el abatimiento de los índices de impunidad.

Hay, también, omisiones fundamentales: a) el presupuesto que deberá ser asignado; b) qué hacer con las policías estatales y municipales o, dicho de otro modo, cómo comprometer y obligar a los Ejecutivos, tanto estatales como municipales, a asumir sus responsabilidades.

Sin embargo, la propuesta de conformar la Guardia Nacional con policías militares, navales y federales corrige la primera intención de AMLO de integrar a la Marina y el Ejército en su totalidad, que equivalía a la desaparición de ambas corporaciones. Esa rectificación es un paso adelante, porque la iniciativa original era simplemente inviable.

El objetivo ahora es forjar una Guardia Nacional de 50 mil efectivos en 2021, que en lo inmediato arrancaría con los policías militares, navales, federales y reclutaría más efectivos. El énfasis de la nueva corporación estaría justamente en su carácter policíaco para combatir el crimen y preservar la seguridad pública.

La reforma constitucional debería resolver el problema de la participación de las Fuerzas Armadas en el combate a la delincuencia por doble vía: a) acotando y fijando constitucionalmente las facultades y objetivos de la Guardia Nacional; b) regresando al resto de los efectivos de las Fuerzas Armadas a sus cuarteles.

Pero cabe advertir que la nueva corporación no funcionará si no se crea un verdadero espíritu de cuerpo, con buenos sueldos y prestaciones adecuadas para consolidar la carrera policial. Esto significa priorizar en el Presupuesto los recursos que serán destinados a la Guardia Nacional. De otro modo, el fracaso será estruendoso e inevitable.

Hasta donde se puede ver, el modelo que inspira la propuesta de AMLO es la Guardia Civil española, corporación militar que nació en el siglo XIX para mantener la seguridad pública y combatir al crimen. Sus funciones complementan, desde entonces, el trabajo de la Policía Nacional, de carácter civil.

No tiene sentido, por lo tanto, descalificar la iniciativa con el argumento de la militarización. Aquí y ahora regresar las Fuerzas Armadas a los cuarteles es imposible, porque no hay cuerpos federales ni estatales ni municipales que se puedan hacer cargo de la seguridad. Y porque esperar a que se formen llevaría años que dejarían en la indefensión a la sociedad.

En tal sentido, vale recalcar la diferencia entre Peña Nieto y AMLO. El primero no sólo eludió la responsabilidad, sino además negó la existencia del problema señalando que era una percepción alimentada por la prensa amarillista. Y toda la estrategia, si se puede hablar de tal, se redujo a la ‘prevención’ del delito.

Por eso, a lo largo de su sexenio, EPN no hizo prácticamente nada y, al final, la realidad terminó por alcanzarlo (alcanzarnos) con las tasas más altas de criminalidad de la historia reciente de México.

No se puede, en consecuencia, regatearle tres cosas a López Obrador: primero, que ha decidido agarrar el toro por los cuernos. Segundo, que reconoce que la situación es insostenible. Tercero, que modificará las cosas real y legalmente para ensayar una solución.

AMLO ha cometido, sin duda, una serie de errores. Enumero: cancelación del NAIM, el Tren Maya, la refinería, la abrogación de la reforma educativa, la embestida contra la Comisión Nacional de Hidrocarburos y, por supuesto, el asunto de las comisiones bancarias, para no hablar de las consultas 'patito'. Pero en materia de seguridad no sólo hay que darle el beneficio de la duda, sino esperar que su propuesta funcione.

El país no aguantará otro sexenio perdido. La espiral de la violencia e impunidad linda en lo exponencial. Por el bien de AMLO, su gobierno y el de todos, no debe fallar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.