Focos rojos
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Focos rojos

27/11/2018
Actualización 27/11/2018 - 13:49

Faltan cuatro días para la asunción de AMLO. La travesía ha sido larga. Inició en 2000 con la jefatura del Distrito Federal, desde allí organizó su campaña por la presidencia en 2006, y en 2012 se postuló de nuevo. A la tercera fue la vencida. Dieciocho años.

Pero la historia no para allí. El camino del 1 de julio al 1 de diciembre ha sido accidentado. AMLO pasó del discurso conciliatorio y moderado –de la victoria– a la declaración de la supremacía de la soberanía nacional sobre los mercados.

Al inicio, las negociaciones del TLC y el nombramiento de Jonathan Heath, como vicegobernador del Banco de México, parecían confirmar el talante pragmático del presidente electo.

Pero luego vino el cubetazo de agua fría: la cancelación del NAIM, contra toda lógica, y, lo más grave, el montaje de una consulta 'patito' para justificar lo que ya estaba decidido.

Peor aún. Lo que parecía un desvarío momentáneo ha sido reivindicado como un mecanismo legítimo de la toma de decisiones. Con el mismo método se votó el fin de semana pasado un listado de 10 opciones. Y ya se ha anunciado otra consulta para decidir si la justicia irá tras los expresidentes.

No me voy a detener en los costos económicos de esas estrategias. Pero son y serán muy altos. Lo paradójico de esta historia es que AMLO se torpedea solo. El encarecimiento del dólar y la subida de las tasas de interés reducirán sustantivamente su margen presupuestal.

Cada vez se hace más evidente que el presidente electo no escucha ni a Carlos Urzúa ni Alfonso Romo. La reciente formación del consejo consultivo de hombres de negocios plantea una pregunta elemental: ellos oirán y sentirán el poder del presidente, pero, ¿AMLO les prestará atención?

De hecho, si se revisa el periodo de transición, y las múltiples posiciones que ha asumido López Obrador, se puede concluir que estamos ante una estrategia calculada.

El mejor ejemplo, pero no el único, es el NAIM. Abrió una y otra vez la posibilidad de continuar con el proyecto. Pero fijó la consulta para el 28 de octubre, a escasos 30 días de su toma de posesión. Y entonces asestó el golpe con una votación amañada.

La metamorfosis, si es que se puede usar ese término, no deja lugar a dudas. De ahí que se pueda afirmar que la toma de posesión inaugurará un nuevo estadio. AMLO ha estado gobernando durante los últimos meses, pero ahora tendrá todo el poder de la presidencia.

Sobra advertir que su estrategia busca barrer (sentar en el banquillo de los acusados) al neoliberalismo y levantar un entramado clientelar y de apoyo político. Perogrullada: la mayoría compuesta en el Congreso funcionará como una verdadera aplanadora.

Es por eso que los tiempos se han acelerado y se van a acelerar aún más. Las promesas de no tocar en tres años la reforma energética, y otras del mismo corte, han perdido sentido. La cuarta transformación empezará a toda máquina el 1 de diciembre.

Ya se sabe que la economía y los mercados no perdonan. Pero si el presidente se mantiene en sus trece, las dificultades económicas serán achacadas, como él mismo precisó, al Banco de México y a factores externos, es decir, a los mercados.

Para el ala moderada, Urzúa y Romo, esas son líneas rojas que no deben cruzarse porque los daños serán cuantiosos. Pero para el ala radical, será la declaratoria de independencia y el inició de un proceso de ‘reivindicación nacional’.

Taibo, futuro director del FCE, lo sintetizó en una frase: apoyar con movilizaciones al gobierno revolucionario para enfrentar a los enemigos con expropiaciones a diestra y siniestra.

La pregunta es si AMLO comparte o no esas posiciones. La apreciación de muchos, antes de la elección y después del discurso de la victoria era que no, pero a cuatro días de su asunción las dudas son mucho más fuertes que las certezas.

No deja de ser paradójico que, en el momento que el nuevo gobierno se apresta para dar la batalla por la soberanía nacional contra los mercados, Cuba apuesta abiertamente por la inversión extranjera.

Última precisión. La espiral del caos y el enfrentamiento conduce a territorios ignotos. Si la economía se descompone y las restricciones presupuestales coaccionan y limitan al gobierno, buscará ‘soluciones’ en el fango del populismo y el estatismo. Verbigracia: López Portillo en 1982.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.