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18/06/2019

1. Cuarenta y cinco días no pasan rápido, se van volando. Marcelo Ebrard está en su cuarto de hora, pero podría quemarse como una palomilla. Un fracaso lo dejaría en la lona y fuera de la carrera por la Presidencia de la República.

2. La complejidad del problema migratorio es patente: la frontera sur es un territorio poroso, sin control alguno, que será vigilado por apenas 6 mil elementos de la Guardia Nacional. Amén que los centroamericanos, que quieren cruzar, son cientos de miles.

3. A ello se agrega que Trump está en campaña, y utilizará el tema migratorio y la responsabilidad de México como un asunto toral. Imposible anticipar, por consiguiente, si la primera evaluación se hará con parámetros electorales o estrictamente migratorios.

4. Como quiera que fuese, la decisión de AMLO de negociar, a cualquier precio, marca un hito que lo distancia de las corrientes morenistas, que simpatizan con el socialismo del siglo XXI. Y, aunque no lo expresen, deben haber deseado una reacción radical del Presidente de la República.

5. Esto confirma que López Obrador, hasta donde vamos, sólo le tiene miedo a dos cosas: a Trump y sus reacciones y, en menor medida, a que las variables económicas se le salgan de control.

6. A diferencia de Yeidckol, Padierna y otros, AMLO parece estar consciente que la ubicación geopolítica de México hace simple y llanamente inviable que adopte una estrategia ‘antiimperialista’, como en su momento hicieron Fidel Castro y Hugo Chávez.

7. Pero, por lo mismo, la decisión de negociar a cualquier costo no basta. De entrada, porque Trump está en campaña, es veleidoso y no se le puede tener confianza. “Vis pacem, para bellum”, traducido y fraseado en el contexto mexicano: a mayor solidez de la economía, mayor capacidad de resistencia y negociación.

8. Y allí entramos en un terreno completamente pantanoso y contradictorio porque el principal responsable de la fragilidad económica actual es el propio AMLO. Santa Lucía, NAIM, Dos Bocas, Tren Maya y un largo etcétera lo confirman.

9. Contradicción flagrante. No se puede, por una parte, decretar el fin y entierro del neoliberalismo y, por la otra, defender a capa y espada el Tratado de Libre Comercio. O se está contra el neoliberalismo, cuyo soporte principal es el Tratado de Libre Comercio, o se asume que la inversión extranjera y nacional es esencial para el fortalecimiento de la economía.

10. Si se opta por lo segundo, como afirmó AMLO, en Tijuana, se deben instrumentar políticas que fomenten confianza, inversión y certidumbre. El reciente acuerdo firmado con el Consejo Coordinador Empresarial, para impulsar un inversión de 32 mil millones de dólares, va en ese sentido.

11. Pero esa estrategia tiene como contrapunto decisiones (farmouts de Pemex) que limitan las posibilidades de inversión del sector privado. Peor aún, los oídos sordos y el enfrentamiento con las calificadoras, que ha protagonizado el propio López Obrador, no tiene ni pies ni cabeza, y se volverá un gravísimo problema si, al final, México pierde el grado de inversión.

12. Sobre todo, porque la jugada arancelaria de Trump amenaza el principio de libre comercio y la certidumbre que debía emanar del mismo. Este es, pues, el peor momento para echarle gasolina al fuego.

13. El hecho que el Poder Judicial haya suspendido de manera definitiva la obra de Santa Lucía e impedido que se inunde el aeropuerto de Texcoco abre una oportunidad de oro.

14. Un mínimo sentido común obliga a AMLO a revisar su estrategia económica. Si ese giro se efectuara en las próximas semanas, particularmente en el lapso de los 45 días, el ambiente y el ánimo de los agentes económicos experimentaría un giro radical, con el consecuente fortalecimiento de la capacidad negociadora.

15. Adicionalmente, hay que reconocer que la responsabilidad, o más bien la irresponsabilidad, no es sólo del Presidente de la República, sino de los miembros de su gabinete que no se atreven a ponerle las cosas en negro sobre blanco.

16. Puede ocurrir, por lo tanto, que el gobierno pierda en todos los frentes. Las definiciones a medias y contradictorias producen inmovilidad. Pero si algo se requiere, en este momento, es avanzar rápido y eficazmente en la resolución de los problemas. El escenario de México convertido en tercer país seguro e inmerso en una profunda crisis económica es el peor de los mundos posibles.

17. Aún es tiempo de evitarlo. Y, como poco o nada se puede esperar de AMLO, hay que empujar para acotar las acciones discrecionales y arbitrarias del gobierno de la República.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.