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A la vuelta de la esquina

25/06/2019
Actualización 25/06/2019 - 13:48

AMLO sigue abriendo frentes a diestra y siniestra, como si el Estado tuviera recursos y capacidades infinitas. La constante de estos meses de gobierno, que comenzaron antes del 1 de diciembre, es que no se evalúan prioridades ni consecuencias.

La escasez de gasolina no fue resultado de la lucha contra el huachicol, sino efecto de una serie de decisiones erróneas que se tomaron. AMLO lo reconoció públicamente, en una mañanera, aunque no se detuvo a explicar ni admitir su responsabilidad.

La cancelación del NAIM es un absurdo por partida doble: por el desperdicio irracional de lo invertido en una obra que sería muy rentable; porque Santa Lucía no es viable y lo que allí se gaste se perderá irremediablemente.

La ofensiva contra las energías sustentables sigue el mismo patrón. La única ‘razón’ para eliminar las subastas de largo plazo, es la tozudez que el Estado monopolice la producción de electricidad. El paroxismo se ha llevado hasta sus últimas consecuencias, y ahora la CFE señala que los privados que generan electricidad para sus empresas y venden los excedentes al Estado, están causando pérdidas a la paraestatal.

El capricho de Dos Bocas se inscribe en la búsqueda de la autosuficiencia en la producción de gasolina, pasando por alto los costos que implica y que Pemex, estando en la lona, debería orientar esos recursos a su actividad primaria fundamental: la producción de crudo.

El nuevo frente está en el IMSS y el abasto de medicinas. Como muchos advierten, se avecina una crisis de enormes proporciones que provocará desabasto y pérdidas por el manejo de las medicinas.

Lo anterior deriva de la obsesión de centralizar todas las compras en la Secretaría de Hacienda, por un monto de 17 mil millones de pesos. AMLO está convencido que no hay otra manera de eliminar la corrupción, que supuestamente permea el abasto de medicinas.

Pero es obvio que el remedio está resultando mucho peor que la enfermedad. Porque si bien el IMSS nunca ha sido ejemplo de eficacia y buen funcionamiento, ahora está sumido en la falta de medicinas y en la imposibilidad de realizar cirugías u otros procedimientos, provocando la agravación o muerte de los pacientes.

Las consecuencias de todas esas decisiones son graves: el desabasto de gasolina tuvo costos económicos innecesarios y a la fecha no hay ninguna evidencia que haya servido para combatir el huachicoleo.

La cancelación del NAIM envió un mensaje claro y conciso a los inversionistas nacionales y extranjeros. AMLO puede cancelar en cualquier momento cualquier obra sin atender costos económicos o de credibilidad. En suma, no hay reglas ni compromisos claros.

En materia energética, la intención es hacer papilla la reforma, e incluso los modelos que se implementaron antes del Pacto por México, que abrió la participación a privados. Pero como el Estado no cuenta con recursos monetarios ni con capacidad de administración infinitos, lo que se avecina es un desabasto que se traducirá en apagones.

El tema Dos Bocas y la autosuficiencia de gasolina es aún más delicado, porque es uno de los elementos que ha provocado la caída del grado de inversión de Pemex, y el peligro mayor es que termine repercutiendo en el grado de inversión del país.

Pero el empecinamiento del gobierno es a prueba de vientos y tempestades. Los otros datos, que dice tener el presidente, no son datos sino ocurrencias. Ingenuo, por lo tanto, esperar una corrección del rumbo.

El único choque contra la realidad que ha hecho recular a AMLO tiene nombre y apellido: Donald Trump. Ante el despeñadero en que se hubiera hundido el tipo de cambio y la economía, se rindió incondicionalmente.

Sin embargo, en esa materia también fue irracional e imprudente. Creyó que podría apaciguar a Trump insistiendo en el Plan Marshall para Centroamérica y en el enfoque “humanitario” de la migración, como frontera abierta para todo el que lo solicitara. Pero los números no mentían y la reacción de Trump fue fulminante.

La lección de esto no es, como ha dicho AMLO, que debemos producir lo que consumimos, para que nos hagan lo que el viento a Juárez, sino que el gobierno no rectificará hasta que choque contra pared y se descalabre.

Sobra decir que los platos rotos los pagaremos todos. A menos que haya estrategias que logren acotar el voluntarismo irracional de la 4T. Por lo pronto, la crisis del IMSS y el desabasto de medicinas están a la vuelta de la esquina.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.