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26/06/2018

1. Hay elecciones que son más decisivas que otras. Esta es una de ellas. Todo el proceso de cambio que inició en 1982 está de por medio, así como las instituciones democráticas, por más ineficientes que sean. Amén que la irrupción del populismo nos regresaría a los años previos a la fundación del PNR, abuelo del PRI.

2. Este arroz no se ha cocido. AMLO ha hecho una campaña deliberada para crear la impresión de que ya ganó. Enumero: 68 por ciento de sus seguidores en redes es bot, encuestas sesgadas que le dan una ventaja abrumadora, fotos trucadas de actos masivos, amén de la complicidad de muchos medios impresos y electrónicos. En suma, la ventaja de AMLO es real, pero no como la pintan.

3. Cuentas claras y amistades largas. Los tres primeros lugares están perfectamente definidos: AMLO encabeza las preferencias, Anaya está en el segundo sitio y Meade en el tercero. La distancia que separa a Meade de Anaya y AMLO lo deja fuera de la contienda por la victoria.

4. El voto útil tiene un sentido opositor. No se vota por quien más convence, sino por quien puede vencer al candidato indeseable. Ergo, un voto de simpatía puede convertirse en un voto nulo, si por nulo entendemos que no contribuye a impedir el peor de los males.

5. El harakiri de los priistas es una posibilidad real. La victoria de AMLO se traducirá indefectiblemente en la desaparición del PRI. El desfondamiento del partido ya ocurrió en CDMX y se repetirá en el plano nacional. No hay misterio en ello. Un voto por Meade es, consecuentemente, un voto por la desaparición del PRI.

6. Para los priistas de verdadera convicción la alternativa real es sufragar contra AMLO para bloquear su llegada al poder y, simultáneamente, votar por todos los candidatos del PRI. No hay de otra. Por eso el voto útil debe ser por Anaya. En el entendido, además, de que el Frente por México no tendría mayoría en el Congreso y se verá obligado a entenderse con otras fuerzas.

7. Quienes han decido sufragar por AMLO, pero no comparten la totalidad de sus planteamientos, deben considerar el voto diferenciado. Sea porque no suscriben su idea de eliminar las reformas energética y educativa, sea porque temen un presidente con demasiado poder y asumen que los contrapesos en el Congreso son indispensables.

8. Los indecisos que tienen simpatía por AMLO deben tomar en cuenta el factor riesgo. Si ya cambió, como afirman sus más cercanos y los compañeros de ruta, no hay de qué preocuparse. Pero si no es cierto, el riesgo de votar por López Obrador es muy alto. Porque es imposible garantizar que lo mucho que se arriesga no se perderá. Así que, por donde quiera que lo vean, los que voten por AMLO se estarán jugando el futuro del país en un volado.

9. Santa Teresa tenía razón: Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas. Estados Unidos y Venezuela, cada uno a su manera, son la ilustración perfecta. Trump, contra todos los pronósticos que subestimaban sus gestos y arrogancia, está siendo escandalosamente consistente. Y el ejemplo de Chávez es aún más alarmante. Todas sus promesas de moderación y respeto a la democracia fueron cortinas de humo.

10. Es falso que los pueblos son sabios y no se equivocan. Allí están los ejemplos de Alemania en los años veinte y treinta, Italia en el mismo periodo y Cuba en los sesenta. El pueblo es una abstracción, la realidad son individuos que deciden. Hoy, las fake news tienen el propósito de moldear percepciones, crear ilusiones masivas y referirlas como el pueblo entero venerando a un líder.

11. El pasado de AMLO es real. En 2006 intentó, por todos los medios a su alcance, impedir la toma de posesión de Felipe Calderón, para crear una crisis constitucional y dar paso a un interinato. Nunca ha reconocido una derrota. Siempre ha descalificado a sus opositores, tanto en campaña como desde el poder. ¿Por qué, entonces, si gana la presidencia, habría de reconocer la derrota de Morena en la elección intermedia o se abstendría de postularse a la reelección si el pueblo, como él dice, se lo pide a gritos en el Zócalo de la CDMX? No hay razón. Obama acertó respecto a Trump: nadie cambia a los 70 años, ni a los 64, añado yo.

12. Los bots no votan. La historia está por escribirse. A favor o contra el populismo. No hay que confundirse ni desperdiciar el voto. Cada quien debe hacerse cargo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.