Otra vez nos quedamos atrás
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Otra vez nos quedamos atrás

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Otra vez nos quedamos atrás

04/11/2019

Mientras en México nos seguimos desgastando en el debate de la localización idónea del nuevo aeropuerto, el mundo avanza a pasos agigantados en otra dirección. Las ciudades con aeropuertos eficientes, buenos servicios y conexiones rápidas a todo el mundo, se convertirán en los hubs preferidos. La localización geográfica de los aeropuertos se irá a segundo plano. (Narita 63.5 kms de Tokio, Incheon 49 kms de Seúl, por ejemplo). Una de las innovaciones que logrará esto es el reconocimiento facial (biometría aeroportuaria). Esta tecnología se convertirá en poco tiempo en el sistema de identificación oficial para pasar migración y abordar cualquier vuelo. Desde ya se está utilizado en aeropuertos importantes de Europa, Asia y la Unión Norteamericana. En 2017, Trump firmó una orden ejecutiva para acelerar el despliegue completo de la biometría aeroportuaria para todos los viajeros nacionales e internacionales. En los Estados Unidos, fotografías tomadas por cámaras se envían al departamento de Aduanas y Protección Fronteriza y se comparan con una galería de fotos de personas que figuran en el manifiesto del vuelo, usando las fotografías del pasaporte para ciudadanos estadounidenses y las fotografías tomadas al ingresar a los EUA para visitantes extranjeros.

Hoy en Atlanta, Delta utiliza el reconocimiento facial para los pasajeros internacionales en una de sus terminales en donde normalmente un pasajero tendría que mostrar su pasaporte o identificación oficial. Como mencioné anteriormente, el sistema permite comparar la fotografía que se toma al entrar a las salas de abordar con bases de datos nacionales e internacionales para identificar personas listadas y verificar coincidencias con fotografías de pasaportes o identificaciones oficiales; avisa en segundos si hay coincidencias. Algunos activistas de la privacidad de datos han manifestado que estos sistemas son precisos en un alto porcentaje con pasajeros masculinos y blancos, sin embargo, tiene una baja precisión con minorías raciales.

Este año la periodista MacKenzie Fegan de Nueva York tuiteó “Acabo de abordar un vuelo internacional @JetBlue. En lugar de escanear mi tarjeta de embarque o entregar mi pasaporte, miré a una cámara antes de que me permitieran bajar por el puente del avión. ¿El reconocimiento facial reemplazó las tarjetas de embarque, sin que yo lo supiera? ¿Consentí esto?” — Al igual que la periodista miles de personas están poniendo sobre la mesa el tema de la privacidad de los datos y el consentimiento. La respuesta oficial es que las personas que no quieran ser escaneadas pueden optar por el sistema tradicional; sin embargo, esto podría significar hacer largas filas o inclusive levantar sospechas a las autoridades.

A pesar de la resistencia, la industria está promoviendo su uso para minimizar el margen de error y mejorar el flujo de pasajeros durante su registro, puntos de seguridad y abordaje. Esta tecnología seguirá avanzando y cambiará radicalmente la eficiencia de los aeropuertos estadounidenses que serán competencia para México.

Se esté de acuerdo o no, la eficiencia en el servicio en los aeropuertos será vital para los pasajeros que tengan que hacer conexiones. En México nos estamos quedando sin avanzar en los verdaderos debates que determinarán el futuro de la industria aérea y el potencial de atracción de talento e inversión. Al igual que ha pasado en otras ocasiones, como por ejemplo con la legalización de la mariguana, nos quedaremos atrás, una vez más.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.