Impunidad
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Impunidad

09/09/2019

Uno de los grandes debates contemporáneos es entre los institucionalistas y los culturalistas. Para los primeros, el comportamiento humano está condicionado a incentivos. Según ellos, si no existen incentivos suficientes para desalentar los comportamientos negativos o ilegales (como la corrupción), entonces estos aumentarán. Para los culturalistas, los valores y la cultura son más importantes que las instituciones. Ahí encuentran las raíces de las conductas de una sociedad. Un caso que ejemplifica que los institucionalistas no necesariamente están en lo correcto, es el consumo de drogas en la unión norteamericana.

“La adicción a las drogas es el enemigo público número uno de Estados Unidos”. Con esta frase dio por inaugurada la “guerra contra las drogas” el presidente Richard Nixon en una conferencia de prensa en la Casa Blanca en junio de 1971. La estrategia de esa “guerra” consistió principalmente en crear incentivos negativos para reducir la incidencia amenazando a todos con llevarlos a la cárcel. La premisa era que si se castigaba con cárcel a los consumidores (cero impunidad) se acabaría el problema. ¿Cuáles son los resultados 50 años después de dicha política? Se resumen en 2: récord mundial de personas encarceladas en proporción a la población y un gasto que supera los $50,000 millones de dólares. ¿Disminuyó el consumo de drogas? No, éste aumentó y mucho.

Ahora Trump dice haber encontrado la verdadera causa. El origen del problema son los cárteles mexicanos. La teoría es que al aumentar los cárteles se incrementó la variedad y la disponibilidad de drogas, lo cual ocasionó un aumento del consumo. Esto es una interpretación moderna de la Ley económica de Say (Jean-Baptiste Say) que dice que la oferta crea su propia demanda. ¿El remedio? Que México controle a sus cárteles, o sea menos cárcel a los consumidores. En ninguno de estos casos se quiere reconocer (como mencioné en el artículo previo) que los análisis lineales y de correlación no son suficientes. Existen muchas variables que impactan, entre ellas la cultura y los valores. De hecho, esto explica por qué se está despenalizando el consumo de mariguana.

En México se insiste que para acabar con la corrupción se debe acabar con la impunidad. Esto sería suficiente. Los expertos nos dicen que además de correlación hay causalidad. Esta teoría se basa principalmente en observaciones de países donde hay poca impunidad y corrupción basados en el indicador de Transparencia Internacional. El análisis es igual de simplista que el de las alas y las plumas de las aves que según los expertos era lo que se requería para que el ser humano pudiera volar (abordado en mi artículo anterior). Ejemplo: De acuerdo con el Índice Global de Impunidad los Estados Unidos tiene un alto nivel de impunidad. Está en la posición 12 de 69 (de peor a mejor) y México en el 5 y, en cambio en el Índice de percepción de corrupción 2018 (de mejor a peor) EU está en la posición 22 y México en la 138. Claramente aquí no se observa ninguna correlación. Por otro lado, no suena lógico que, si hay más de un 90% de impunidad en el país, pensemos que en todos esos casos hubo corrupción.

No se quiere aceptar que existen otras raíces que son los valores culturales (o más bien antivalores) como la irresponsabilidad, deshonestidad, desconfianza, impuntualidad, y falta de respeto (de todo tipo) entre otros. Es difícil creer que daremos con la solución si el diagnóstico sigue estando equivocado o incompleto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.