Nuevo golpe al laicismo. Proselitismo religioso en Bellas Artes
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Nuevo golpe al laicismo. Proselitismo religioso en Bellas Artes

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Nuevo golpe al laicismo. Proselitismo religioso en Bellas Artes

20/05/2019

Resulta agraviante que el Palacio de Bellas Artes se haya utilizado, el pasado 15 de mayo, para que la Iglesia La Luz del Mundo realizara un acto de proselitismo religioso, arropado por una actividad artística; y hasta ahora no sabemos con claridad si fue producto de la complicidad de las autoridades o si estas fueron engañadas por los organizadores del evento. Haya sido por complacencia o por negligencia –es difícil saber qué es peor–, se trató de un atropello a los principios básicos del laicismo, pues se usó un espacio público para fines particulares de una congregación religiosa.

El Palacio de Bellas Artes fue alquilado por el senador del PVEM Rogelio Israel Zamora y la Asociación de Profesionistas y Empresarios (APEM), que preside su padre, Rogelio Zamora Barrales, para realizar un concierto operístico denominado “El Guardián del Espejo”, en el que se ofrecería un reconocimiento por su 50 aniversario a Naasón Joaquín García, líder internacional de La Luz del Mundo, quien también ha sido directivo de APEM (https://lacronicadelpoder.com/2017/05/21).

Las autoridades del INBAL autorizaron la realización del evento, al considerar que ofrecía la calidad musical necesaria, pero ignoraron que los organizadores aprovecharían el concierto para homenajear al líder religioso, aun cuando tanto los promocionales, como los anuncios en redes sociales, difundieron que se trataba de festejar los 50 años de Naasón Joaquín y su imagen estaba impresa.

De último momento, el INBAL canceló la realización del homenaje a la figura religiosa dentro del recinto. Sin embargo, al terminar el concierto, el apóstol evangélico apareció en la terraza del Palacio para saludar y bendecir a los cientos de feligreses que estaban congregados en la explanada para festejarlo, con lo cual se concretó el acto de propaganda religiosa en nuestro emblemático centro de cultura. La prueba de que se utilizó Bellas Artes para fines de promoción religiosa fue el video grabado y difundido desde la propia terraza por el diputado Sergio Meyer, presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara, en el que agradece a la gente de La Luz del Mundo que los acompañara. No hay lugar a confusión, Bellas Artes sirvió para el activismo de una Iglesia.

Tanto las autoridades del INBAL, como los organizadores –el senador Zamora y APEM– y los asistentes más conspicuos al concierto, como el presidente del Senado, Martí Batres, negaron que el evento hubiera sido un acto religioso y, es cierto, no hubo rezos, ni lectura de textos bíblicos y se canceló la entrega del reconocimiento al líder religioso, pero sí se montó un abusivo acto de proselitismo a favor de una iglesia evangélica y su máximo líder.

El INBAL anunció que presentará una denuncia por el uso indebido de la imagen de Bellas Artes y por el “intento” de los organizadores del concierto de realizar actividades distintas a las autorizadas. Es evidente que fue más que un intento, porque el acto de proselitismo religioso sí se realizó en las instalaciones de Bellas Artes, es por ello que el viernes pasado los músicos integrantes de la Sinfónica Nacional manifestaron su rechazo al uso ilegal de Bellas Artes para eventos privados de carácter religioso, disfrazados de presentación operística. El hecho de que un senador y una asociación de profesionistas estrechamente vinculada a La Luz del Mundo hayan burlado a las autoridades, no las exime de su responsabilidad de haber permitido que se violentara nuestro Estado laico.

No es la primera vez que el gobierno actual accede a demandas de un grupo evangélico. Hace unos meses el Presidente de la República aceptó que se explore la solicitud de “Cofraternice” para abrir espacios en los medios públicos de comunicación para que grupos religiosos hagan proselitismo.

Nuestro laicismo ha sido el blindaje más sólido de la libertad de pensamiento y de culto y de la tolerancia religiosa en nuestro país, y no debemos aceptar que se juegue con este principio básico y civilizatorio que es la separación del poder público y el religioso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.